LA FRASE

"Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad."

Sir Arthur Conan Doyle

martes, 8 de abril de 2014

OLOR Y CRONOLOGÍA

En el siglo XVIII olía muy mal. O, cuando menos, eso es lo que nos dice Patrick Süskind en la primera página de su cinematográfica novela El perfume. Y si en el llamado siglo de las luces olía mal, ¿cómo olía, Dios mío, cómo olía, cómo debió de oler, pongamos, la Edad Media, que era como todo el mundo sabe, época bárbara y lóbrega?

Yo no sé cómo olería en la Edad Media, cómo olería en el siglo XIX, o cómo olería en tiempos de romanos, porque esto de los olores es tan difícil de apresar en conceptos como fácil y efímero de captar con la pituitaria. No sé si cada época tiene su olor, sus aromas o efluvios privativos, o si es cada ciudad o cada persona, puesto que cada persona, como saben muy bien los canes, emana su olor propio y característico.

El lenguaje, nuestro lenguaje, está preparado para expresar, mal que bien, aquello que nos entra por la vista, por el oído incluso, por el tacto... pero, por el olfato... ahí nos perdemos en un mundo de metáforas para lo que de suyo es innombrable.

Yo no sé como olía en la Edad Media, o en tiempos de romanos, pero sí sé cómo olía en mi infancia y en mi pueblo. Olía a cisco quemándose en el brasero, a alhucema, a horno de leña de tahona, como olía a aguardiente y a la bosta fresca de las caballerías, a jabón Palmolive, a colonia Heno de Pravia, a cuero, a tabaco de caldo de gallina y a tabaco rubio de los americanos de la base, a puesto de chufas y de orozuz, a ese olor indefinible de las tiendas de ultramarinos finos... Y sé que ahora no huele como entonces. 

No deja de ser curiosa esta relación del olor con la cronología. Aunque haya, claro, olores permanentes, como el del incienso y el de la cera, que son los dos olores más permanentes que se me ocurren.

Así que, ¿quién sabe a lo que olerá el futuro?  

sábado, 22 de marzo de 2014

PROFUNDIDAD

En la solapa del libro de una multipremiada poetisa española (y autora presunta de la dicha solapa) se nos dice: 

"Los cuatro lados del triángulo (supongamos que así se llama el libro) es un poemario muy compacto que, sin embargo, muestra una identidad perturbada por el dolor, y cuyas derivas desembocan en una intrincada ramificación del malestar. Por medio de un «yo» que busca a los otros, emergen cuestiones siempre cruciales para el ser humano ―el amor, el deseo, la muerte―, en una escritura donde las heridas se convierten en forma de interlocución, de diálogo, vigente tanto en el ámbito personal como en el colectivo. Dividido en dos secciones, «Los cuatro lados del triángulo» y «Geometrías inciertas», el libro se caracteriza por una verdadera política de la forma, con un uso muy meditado del lenguaje que nos contagia de la gravedad de su enfermedad, pero también de su sanación."

¿Se han enterado ustedes de algo? Pues eso.


sábado, 15 de marzo de 2014

MEDITACIÓN DEL AFORISMO

El aforismo, después de todo, quizás no sea más que una frase. Una frase breve que nos deslumbra, por un momento o perdurablemente. Una frase feliz. Del tipo que sea, porque ya se sabe que la felicidad puede tener rostros muy distintos. Pero sólo eso, una frase. 

Y tal vez por eso el aforismo no pueda constituirse en género. Porque una frase puede ser de cualquier género. O sea, encontrarse embutida en cualquier género, narrativo, lírico, ensayístico.

Estaba leyendo ahora La invención de la pólvora, un estupendo libro de recuerdos y evocaciones de Aquilino Duque, y a cada paso, me voy encontrando con frases que son como hachazos, como aforismos.

Por ejemplo, ésta:

Lo peor de la pubertad no es que la vida se complique, sino las ganas que se tienen de vivir complicadamente.

O estotra:

Nunca pierden su hechizo los lugares en los que nunca se estuvo.

Y es que, donde menos lo esperas, salta la frase, digo, el aforismo. 

viernes, 14 de marzo de 2014

PUERTAS DE PASO

Cuando la ciencia logra abrir una puerta lo que descubre es... otra puerta. Y nunca es la última, la definitiva. Un misterio desvela otro misterio.

miércoles, 12 de febrero de 2014

NO HAY DOS SIN TRES

Está uno tan poco viajero últimamente, y tan apegado a su villanesco rincón y a su monotonía, que me ha hecho gracia leer esta página de Las veleidades de la fortuna que bien pudiera titularse De la no necesidad de viajar para el común de los mortales, pero especialmente para los espíritus fuertes:



"-Eso de viajar es para otra clase de personas, para gentes sin complejidad psicológica.[Le dice Larrañaga a Pepita]
-Sin embargo, dicen que los viajes enseñan.
-Sí, hay una pequeña cultura del viajar y del saber dos o tres idiomas. Es una cultura muy ínfima. Hay gente que supone que a cada traqueteo del tren, o a cada balanceo del barco, el hombre ha de irse sublimando. No creo que se pueda aprender gran cosa viajando más que algo muy superficial [...] Viendo pueblos se adquiere cierta cultura; pero es una cultura de viajantes de comercio, de intérpretes y de cocottes que saben decir cuatro o cinco frases en cinco o seis idiomas diferentes.
-Pero el viajar para los sabios debe ser muy importante.
-No creo. Ese Kant de que hablábamos antes no viajó nunca. No tuvo necesidad de salir de su pueblo para ser el más gran filósofo de los tiempos. Sócrates no salió de Atenas. El viajar parece servir de adorno para los ricos y para los desocupados; para un hombre de pensamiento fuerte creo que el viajar no le da nada."

Pues eso: que je prends mon bien où je le trouve.

domingo, 9 de febrero de 2014

NO HAY MÁS RAZÓN QUE LA RAZÓN

Pero unas páginas más adelante de Las veleidades de la fortuna, otro personaje, el doctor Haller, parece darle la réplica al diputado suizo Stolz y a su defensa de las dos vías de conocimiento, a saber, el entendimiento y la intuición, como perfectamente complementarias. Cuando Larrañaga le pregunta "¿Usted cree que no hay ninguna diferencia entre inteligencia e intuición?", el doctor Haller le suelta esta aguerrida parrafada:

-Diferencia esencial, yo creo que no la hay. A primera vista, sí; parece que la inteligencia es más sistemática, más motivada, más pesada, y la intuición más espontánea, más rápida. Así del médico que haga un pronóstico exacto, se dirá que tiene inteligencia y de la enfermera o de la hermana de la Caridad que haga el mismo pronóstico, se asegurará que posee intuición; pero los dos pronósticos proceden de lo mismo, del fondo de perspicacia en la observación que en el profesional constituye un oficio y en el no profesional, un diletantismo. Yo, por más que busco, no veo diferencia alguna entre intuición y conocimiento; el dato de la intuición me parce más sencillo, menos razonado, no convertido en idea; y el dato del conocimiento, más razonado y más lógico. El uno está menos elaborado que el otro; pero los dos proceden de lo mismo. Estas divisiones, estos conceptos adornados, son ganas de dar aspectos misteriosos a las cosas. Al trabajo que no es claramente consciente de la inteligencia, se le llama intuición. En el hombre que sabe, en el que haya leído y que tenga muchos datos de cultura almacenados en la memoria, esta supuesta intuición parece que vale algo. Si no supiera ni hubiera leído nada, veríamos a qué se reducía esta intuición. 

Entonces, ¿con cuál de estas dos opiniones, contradictorias entre sí, se queda Baroja? Probablemente con las dos, o sea, con ninguna. O tal vez se encogiera de hombros como diciendo "quién sabe". O puede que nos dijera: "Yo no soy filósofo, ni mucho menos epistemólogo, yo sólo soy un humilde novelista que tan sólo da la palabra a sus personajes."

Y puede ser, sí.

sábado, 1 de febrero de 2014

EL ETERNO DILEMA

En cierta novela de Baroja, Las veleidades de la fortuna se llama, un personaje le dice a otro: "Hacer como principal norma de la existencia el pensamiento, sería condenarla a marchitarse, a secarse. La vida necesita también lo irracional, lo misterioso, lo infinito, la superstición misma..." 



Y está uno muy de acuerdo con Baroja, sobre todo en ese también, que viene a unir o a conciliar las dos caras de la vida. Porque la vida humana es esencialmente una aporía o, mejor, el hombre vive siempre aporéticamente. Razón o instinto, finito e infinito, estatismo o dinamismo, entendimiento o intuición, sincronía y diacronía... Rechazar uno de los términos del dilema para quedarse únicamente con el otro es quizá cosa más propia de doctrinarios que de imbéciles.

Toda la historia de la filosofía es el intento de examinar, de abordar este dilema eterno. Hegel, por ejemplo, intentó esta conciliación a través de su teoría de la Aufhebung o superación integradora. Más claro, o sin tanto terminacho, lo dijo Antonio Machado, cuando afirmaba que "todo es ir de lo Uno a lo Otro." Pues por eso me ha gustado el también barojiano, o el de su personaje, Paul Stolz.

Por cierto, el Casares, el diccionario ideológico de Julio Casares, define aporía como "estado de incertidumbre y duda." Pero esto sería bonita materia para otro artículo.

miércoles, 29 de enero de 2014

LA EVOLUCIÓN... DE LA IMAGINACIÓN






Un ciclo evolutivo imaginario, ilustrado por Daniel Lee (*)

(Y, por mi parte, no tengo nada más que añadir, aunque bien que pudiera). 


(*) Known as Lee Xiaojing in Chinese, born in Chunking, China (1945) and raised in Taiwan. He moved to United States after he received his BFA in painting from College of Chinese Culture. Then he got his MA degree majored in Photography and Film from Philadelphia College of Art and worked as an Art Director in New York until the late seventies, at which point he changed to photography as a career. Within one and a half decades, he went through different stages in fashion, people to still life collage. Since 1993, computer technology allowed him to combine his various drawing, photographic and fine art skills in one medium.

martes, 21 de enero de 2014

1914-2014







Desde aquel 1914... a este 2014... Un siglo. Cien años ha resistido la vieja cancela de la casa en ruinas, aunque parece que aún no abandonada del todo. Aquí, muy cerca de mi casa. Y, ¿qué lección nos querrá dar? La eterna lección del tiempo, esa que nunca acabamos de entender del todo.