LA FRASE

"Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad."

Sir Arthur Conan Doyle

sábado, 12 de enero de 2008

Para la sociología del camarero

Después de demorada observación, de años de intenso trabajo de campo, creo poder llegar al enunciado de la siguiente ley sociológica: "El camarero es el único currante que el día de libranza vuelve a su lugar de trabajo".
Es la ley del camarero que vuelve. Aunque está basada en una rigurosísima investigación, me gustaría contar con las observaciones de otros distinguidos académicos.
Lo que no le he encontrado aún es una explicación satisfactoria a la tal ley. Manejo la hipótesis de que aquel que sirve quiere ser él el servido, al menos por un día. Pero, ¿por qué en el mismo sitio? ¿Quizás porque si no fuera en el mismo sitio no tendría gracia? Seguiremos investigando.
Se admiten ponencias y comunicaciones. Call for papers.

14 comentarios:

Panduro dijo...

Como veo que se trata de una investigación rigurosa, aplicaremos una estricta metodología de análisis científico.

En primer lugar hemos de eliminar los datos espúreos que puedan distorsionar los resultados de nuestra investigación.

Así eliminaremos a los malos camareros, aquellos que en ningún caso podríamos considerar verdaderos profesionales de la hostelería. Propongo que estos casos sean simplemente asimilados a la misma pulsión morbosa que lleva a los asesinos a volver al lugar del crimen.

Otro caso que no creo que debiera ser considerado es el del camarero-dueño del bar. O bien considerar estos casos explicados por el legítimo interés comercial de los susodichos.

Queda pues centrada la investigación en los camareros dignos de tal calificación no dueños de bares.

(Voy a verificar algunas notas de campo que no me quedan claras y luego vuelvo.)

Rocío Arana dijo...

sencillamente genial la ley del camarero que vuelve. Yo hoy, sábado, voy a volver a las librerías de Sevilla. Adoro el sábado por la mañana.

Anónimo dijo...

Es mucho más sencillo, amables clientes, no se os puede dejar solos.

El Barman

Panduro dijo...

Nota de campo #123-a:
Prefiero ir un bar donde conozca al camarero, como todo el mundo.

(Asiento y pido otra)

Joaquín dijo...

La cosa tiene su miga...

Últimamente tomo el café mañanero en un bar que atiende el camarero/propietario, de rasgos orientales (no sé si chino, japonés o vietnamita) y que, nada más cruzar por el umbral, te saluda sonriente, en perfecto castellano, con un "¡buenos días!". Así el café sienta muchísimo mejor. Nada de "mal café" ni de malas caras.

En la barra suelo sentirme un pelín cohibido delante de los camareros, especialmente de aquellos con aire suspicaz, porque son grandes sociólogos y doctores en gramática parda, y saben "calar" a los clientes nada más venir. Vamos, que uno se siente como desnudo delante de un camarero de esos...

Pericoteo dijo...

Y el camarero escuchando, a la parroqia discutir sobre Nietzche y Ratzinger, se preguntaba: ¿Qué se propone uno con la filosofía, enseñar a la mosca o escaparse con ella y la botella?

Panduro dijo...

Ya sé que lo debía haber preguntado antes, pero se me olvidó. ¿Los gastos del trabajo de campo de esta investigación corren a cuenta de los fondos del blog, no?

Enrique Baltanás dijo...

No,no; esto es como los congresos dizque universitarios, que quien presenta ponencia tiene encima que pagarse la inscripción. ¿O se había creído vd. que esto era un congreso de la alianza de civilizaciones?

Panduro dijo...

La investigación en España...

En fin, from lost to the river, tiene usted pagadas un par de cervezas en el quiosco del matadero.

Anónimo dijo...

Como camarera de las malas, es decir, camarera eventual que cumple rigurosa aunque no profesionalmente con esta labor como medio para sufragarse los estudios, debo decir que el resultado de su investigación es absolutamente cierto.

La razón nunca me la había planteado, pero ofrezco tres posibles respuestas fruto de mi experiencia:

a) porque simpre te puedes tomar una cervecilla y una tapita gratis, cortesía voluntaria de la casa o no (en cuyo caso depende de la habilidad del camarero-compañero-colega para ponértela de "estrangis").

b) porque mola ver a los compis currando cuando una pasea con las mejores galas ( esto es cruel, pero cierto)y te hace valorar aún más tu día libre.

c) porque no es lo mismo ir a un bar el día de asueto que pasar por la oficina, por la facultad o por el hopital ( válgame dios), un bar, y sobre todo para un sevillano, siempre será un lugar cargado de connotaciones positivas.

sempietnos dijo...

Son querencias.
A fin de cuentas,el hombre es un animal de costumbres,y algo desde lo más profundo del interior,les empuja a ver la realidad cotidiana desde el otro lado del mostrador.
Es como reflejarse sobre el azogue en un intento de verse a si mismo desde el otro lado.
Digo yo.

CB dijo...

creo que es eso: el otro lado del mostrador. Pura empatía como si dijeramos, que es ponerse en el lugar del otro, pero en su mismísimo lugar a ser posible. ¿O no desea Vd. ardientemente muchos días ponerse en el lugar de sus alumnos y volver a sentarse en el pupitre?

Enrique Baltanás dijo...

En efecto, CB, me gustaría.

Morgenrot dijo...

Pues yo creo que eso de apoyar en codo en la barra, debe poseer al que a éllo se acostumbra.
No hay más que pasear un domingo a eso de las cuatro de la tarde y ver bares y bares con cientos de codos apoyados , por supuesto, en la barra; con la cerveza cerquita y la charla , sin tapujos - que Baco desinhibe -. Si es un camarero, y está en el otro lado,de la barra, debe ser la repera.