LA FRASE

"Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad."

Sir Arthur Conan Doyle

domingo, 11 de diciembre de 2011

NOSTALGIA DEL ARTÍCULO


Hay dos cosas que siempre le han gustado a uno: digerir teorías —también, eventualmente, construirlas— y leer artículos. Las teorías ya ha llegado a saber, con los años, que no sirven para nada. Los artículos, tampoco. Por eso tienen para uno más aliciente que antes, como más gusto y sabor. Se disfruta más con lo que de antemano se sabe que sirve para poco, que carece de utilidad precisa e inmediata. A lo sumo, para pasar el rato. Todo lo que habría que saber en esta vida se puede contener en ese arte difícil e improbable de pasar el rato. El lector de artículos lo que quiere es pasar unos minutos agradables, los que dure la lectura del artículo. Los periódicos se hojean o se devoran, los artículos, que también vienen en el periódico, se degustan. Todo en el periódico es información, utilidad, interés. Las páginas de opinión y las de la agenda del día, con el horario de las farmacias de guardia y el estado del tiempo. Los sesudos artículos de los catedráticos opinantes sobre la crisis de Oriente Medio, sobre las vicisitudes de la inflación monetaria o sobre las últimas maldades del Gobierno, que ya se sabe que todo Gobierno es malo por definición. Uno puede encontrar útil o interesante la opinión del concejal del distrito sobre la mendicidad infantil, lo mismo que las declaraciones perfectamente irrelevantes de una modelo de moda.
Pero llega al artículo, no al de opinión, sino al otro, al literario, esa rara avis hoy en día, y es otra cosa. El artículo puede hablarnos de cualquier cosa, de la llegada de la primavera, de la lluvia, del cultivo de la patata gallega o del dilema entre llevar sombrero y no llevarlo. Pero su mirada al asunto es distinta. Es una mirada literaria. Es decir, fantástica. Insólita, pero verosímil. Por eso el verdadero artículo, el artículo literario, está casi desterrado de la prensa actual. El vértigo de este mundo impide que nos ocupemos de fruslerías tales como el destino del hombre en la tierra o las erratas de imprenta, y, por otra parte, ¿no es ya lo bastante fantástica la realidad en sí misma, la cruda realidad del acontecer cotidiano? Adiós, Ortega, adiós Chesterton: hoy no seríais posibles.

3 comentarios:

L.N.J. dijo...

¿Y tú crees que todos nosotros somos posibles?. Esta carga es muy pesada Enrique, estamos saturados de basura; yo creo que formo parte de ella. Para qué me voy a engañar.

Necesito una retirada, alejarme. A ver si lo consigo.

Soy optimista, no por ello dejo de reconocer lo mal que huele el camión de la basura.

Besitos.

Embajador en el Infierno dijo...

Muy en desacuerdo Enrique. Comparto tu gusto por leer artículos, pero tal y como está la prensa hoy es difícil encontrar esa clase de articulistas que pides, porque eso no vende, y lo que vende es fustigar al gobierno, la oposición o en general al partido contrario al que paga el sostenimiento del diario en cuestión. Hoy los articulistas interesantes se encuentran en las bitácoras, por ejemplo en esta. Hace años que dejé de comprar periódicos pero sigo leyendo artículos.

Enrique Baltanás dijo...

¿Cómo que en desacuerdo, Embajador? Lo que afirmas es justamente mi tesis.