LA FRASE

"Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad."

Sir Arthur Conan Doyle

miércoles, 20 de febrero de 2013

CONTRA JAIME GIL DE BIEDMA

Así, precisamente, tituló uno de sus Poemas póstumos (1968) Jaime Gil de Biedma: así, "Contra Jaime Gil de Biedma". Él sabría por qué.

De joven, yo fui muy de Jaime Gil de Biedma. Incluso de no tan joven. En 2004 llegué a colaborar en un libro que se subtitulaba "54 poetas españoles escriben sobre un poema preferido". ... Y el preferido por mí era "Pandémica y celeste". (Pere Rovira prefería otro, "Barcelona ja no és bona  o Mi paseo solitario en primavera"). Era, si no recuerdo mal, el único poeta que aparecía mencionado con dos poemas distintos.

Esto de hoy no es una palinodia, porque, a lo hecho, pecho. Pero no puedo menos que reconocer con cuanta distancia crítica y de la otra veo ahora esos poemas.

Tras esa proclama de erotismo libertino que es "Pandémica y celeste" -"Sin despreciar/ alegres como fiesta entre semana,/ las experiencias de la promiscuidad."-, cuando el poeta aún no sabía que moriría de sida, sólo nos arranca hoy una oración de caridad hacia el autor de ese poema, tan contradicho con su propia vida, en su triste final.

¿Y qué decir de "Apología y petición", esa sextina marxista, tan viejuna ya, tan de museo, que se cae de pura inconsistencia:

De todas las historias de la Historia,
sin duda la más triste es la de España,
porque termina mal. 

Ni la historia de España terminó con el final de la guerra civil, ni terminó después, ni ahora mismo sabe nadie cuándo y cómo terminará. 

En fin, el reduccionismo absurdo de esos versos a menudo tan citados:

y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

En fin, ya sé que no es educado ni socialmente correcto decir estas cosas en público, pero...

Cómo pasa el tiempo...

7 comentarios:

Norberto García Hernanz dijo...

No cabe duda que un elemento de juicio bastante objetivo respecto al arte, es el equilibrio del subjetivismo, es decir, que por el arte en sus diferentes representaciones, no pase el tiempo y que ni las modas, ni los cultos a esta o aquella tendencia, supongan un handicap a la hora de hacer duradero en este caso un poema. En eso estamos. No obstante, siempre queda la historia, para ir archivando en ella todas esas tendencias que van buscando el poema universal que sobrevuele lo parcial y lo sectario. En el intento a veces existe la tentación de la hoja en blanco, pero también ese minimalismo pasó. Ni siquiera el silencio y el vacío se libra de las modas. Un abrazo.

Anónimo dijo...

Desde la perspectiva del titular del blog, con sus loas a Franco o Millán Astray, o al Menéndez Pelayo más reaccionario (hay otros), no es nada raro que encuentre "viejunas" las ideas de JGB; y supongo que, en contraposición, modernísimas las suyas. Yo pienso exactamente lo contrario: que dichas loas son lo realmente "viejuno" (y tétrico, añadiría), y que JGB es un gran poeta. Por lo demás, hay excelentes poetas con cuyas ideas no estoy en absoluto de acuerdo, lo que no me impide apreciar su valor. No parece el caso del autor de esta entrada. Si es así, lo siento por él.

enrique baltanás dijo...

Franco o Millán Astray son la encarnación del Mal Absoluto, sin ningún aspecto que pueda ser elogiable, por lo visto...

Anónimo dijo...

No, evidentemente; como deja clara la entrada que comentamos, la "encarnación del mal absoluto" es JGB. Repaso los comentarios que se le dedican: "proclama de erotismo libertino" que "sólo nos arranca hoy una oración de caridad", sextina "viejuna... que se cae de pura inconsistencia", "reduccionismo absurdo"... Pobre JGB, ni una sola virtud poseía. Pensaba mal, escribía mal, vivía mal y murió peor. Infinitamente preferibles los otros, dónde va a parar.

Y, encima, ya dije que hay poetas cuyas ideas me son del todo ajenas, o directamente inasumibles, lo que no me impide apreciar, cuando pienso que existen, sus valores literarios. Pero éste, parece, es un error relativista que aquí se evita cuidadosamente. O piensas como yo, o no mereces más que el desdén (y de ahí para arriba). Es cierto que el mismo Menéndez Pelayo no era exactamente así; pero supongo que aquí hasta esas veleidades suyas serán vistas con recelo. La Verdad, así con mayúscula, es una sola, francamente (o millán-astraicamente), y todo lo que no sea eso es del todo condenable. ¡Ah, los buenos tiempos del Index!

Gonzalo Gragera dijo...

¿Debemos valorar la calidad de un poema, medir la obra del poeta, por su finalidad ideológica o religiosa?

Anónimo dijo...

Al descalificar de la manera con que lo hace a Gil de Biedma, y a su poema, se hace un flaco favor. Si su cordura es ésa no debe mostrarla.
(y lo más extraño de todo es que es usted compañero de sufrimientos de él, de García Lorca, de Cernuda, de Aleixandre,de Brines...)

Anónimo dijo...

Qué curioso, Enrique: el otro día me preguntaron por mi tocayo JGB y dije una respuesta parecida: esa necesidad adolescente por parecer brillante… inteligente, ingenioso, joven, canalla… que se le nota tanto a fuerza de intentar camuflarla, a mí me hastía a estas alturas o bajuras de la vida. Su figura (melancólica y odiosa) se me desdibuja como la del líder de un grupo de un antiguo verano playero. Quien me iba a decir a mí, con lo que yo he admirado a Gil, que volvería los ojos de nuevo a Ángel González. Quizá es que vamos a peor, Enrique, amigo. j.g-m