LA FRASE

"Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad."

Sir Arthur Conan Doyle

jueves, 17 de noviembre de 2011

AQUELLA RESTAURACIÓN... Y ESTOTRA

Se decía de aquella Restauración, con su turno de partidos, que era un falseamiento de la verdadera democracia, una fantasmagoría (Ortega dixit). A los conservadores les sucedían los liberales, y a los liberales, los conservadores...
Pero, ¿y ahora? ¿Acaso no pasa lo mismo? A ochos años de gobierno popular, les suceden ocho años de gobierno socalista, y a éstos...
Quizás es algo que esté en la naturaleza de las cosas, más que en la mano de algún Romero Robledo. 



11 comentarios:

Tomás Salas dijo...

Amigo Enriqu: la democracia no es ninguna utopía; es la forma más razonable y menos imperfecta de organizar este asunto tan complicado de convivir sin liarnos a mamporros.

Un abrazo.

eres_mi_cruz dijo...

sobre todo en la naturaleza de nuestra raza simiesca del arrabal de Europa (Ortega dixit)... donde, pasando por el garrotazo y el pistolazo, llegamos al tertuliazo partiendo de un quijadazo de burro...

Anónimo dijo...

De acuerdo, Tomás, pero, ¿qué democracia? ¿esta?
EB

cb dijo...

Sí, parece que siempre tiene que haber dos Españas (carlistas e isabelinos, canovismo y sagastismo, derechismo e izquierdismo, socialismo y peperismo...). O una España con el corazón partío (quién le va a curar el corazón partío, quién llenará de primaveras este enero...).
Un enemigo común, se decía, que eso une mucho. Pero no sé. La crisis económica podría ser un enemigo común, y ni por esas...

Me hace gracia lo que dice "eres mi cruz" del tertuliazo, me recuerda algo que mi padre muchas veces dixit, que para los españoles discutir es sinónimo de pelear (que hasta los novios decían hemos discutido cuando querían decir que habían roto), mientras para un alemán discutir es conversar (y pelear, pelear, claro).

José Miguel Ridao dijo...

Hombre, Enrique, no es lo mismo: en la Restauración España era un país de analfabetos mangoneado por unos cuantos vividores, y ahora es un país de parados mangoneados por unos cuantos inversores (extranjeros).

eres_mi_cruz dijo...

y lo peor, cb, es que, en la mayoría de los casos, el tertuliano no llega a las manos única y exclusivamente por no ser despojado de razón...
la plática nos la llevamos a las Américas y seguramente la debimos cambiar por tubérculos y tabaco...

Primitivo Algaba dijo...

Buenos días Enrique, de la alternancia en el poder estoy oyendo hablar desde que era chico, y ahora que ya soy grande, se sigue hablando de lo mismo, ¿qué te parece? Un abrazo
Primitivo

L.N.J. dijo...

¿Y si nos vamos todos a otro país?, es que a veces veo "Españoles por el mundo" y les va bastante bien.

Besos

L.N.J. dijo...

Por cierto, que no hablo de huir, sólo cambiar de aires, jaja...

Anónimo dijo...

Cito, de una página de internet dedicada al tema de la alternancia durante la Restauración:

"La alternancia en el gobierno fue posible gracias a un sistema electoral corrupto y manipulador que no dudaba en comprar votos, falsificar actas y utilizar prácticas coercitivas sobre el electorado, valiéndose de la influencia y del poder económico de determinados individuos sobre la sociedad (caciquismo). La adulteración del voto se logró mediante el restablecimiento del sufragio censitario, el trato más favorable a los distritos rurales frente a los urbanos y, sobre todo, por la manipulación y las trampas electorales.

El control del proceso electoral se ejercía a partir de dos instituciones: el ministro de la Gobernación y los caciques locales. Este ministro era, de hecho, quien elaboraba la lista de los candidatos que deberían ser elegidos (encasillado) y quien nombraba los diputados ajenos a la circunscripción, los llamados "cuneros". Los gobernadores civiles transmitían la lista de los candidatos "ministeriales" a los alcaldes y caciques y todo el aparato administrativo se ponía a su servicio para garantizar su elección.

Todo un conjunto de trampas electorales ayudaba a conseguir este objetivo: es lo que se conoce como el pucherazo, es decir, la sistemática adulteración de los resultados electorales. Así, para conseguir la elección del candidato gubernamental, no se dudaba en falsificar el censo (incluyendo a personas muertas o impidiendo votar a las vivas), manipular las actas electorales, ejercer la compra de votos y amenazar al electorado con coacciones de todo tipo (impedir la propaganda de la oposición e intimidar a sus simpatizantes o no dejar actuar a los interventores, etc.).

Además del falseamiento electoral, el sistema se sustentaba en el caciquismo. Los caciques eran individuos o familias que, por su poder económico o por sus influencias políticas, controlaban una determinada circunscripción electoral. El caciquismo era más evidente en las zonas rurales, donde una buena parte de la población estaba supeditada a los intereses de los caciques, quienes, gracias al control de los ayuntamientos, hacían informes y certificados personales, controlaban el sorteo de las quintas, proponían el reparto de las contribuciones, podían resolver o complicar los trámites burocráticos y administrativos y proporcionaban puestos de trabajo. Así, los caciques se permitieron ejercer actividades discriminatorias y con sus "favores" agradecían la fidelidad electoral y el respeto a sus intereses".

Por supuesto, quien esté empeñado en no ver diferencia alguna significativa con la situación actual, no la verá: no hay peor ciego... También hay nacionalistas empedernidos que afirman, con plena convicción, que seguimos en el franquismo. Quien atienda a los hechos y no a sus propios prejuicios, en cambio, no creo que pueda afirmar razonablemente que nada sustancial ha cambiado. Por fortuna.

L.N.J. dijo...

"Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad."

Gracias Enrique, no sabía que poner y justito lo tenías en tu blog.

Besos.