LA FRASE
Sir Arthur Conan Doyle
viernes, 19 de mayo de 2006
Oído en la COPE
Nótese que empleaba el término religión en el sentido peyorativo de creencia falsa e infundada que fanatiza a los que la profesan.
Pues si así se habla de la religión en la COPE...
(Nadie matizó lo dicho por el contertulio, ni siquiera el republicano de derechas Federico Jiménez Losantos).
Sabiduría
Todo verdadero saber es siempre saber personal.
E intransferible.
Se pueden transmitir conocimientos, datos, ideas, paparruchas (esto sobre todo)…
La sabiduría hay que conquistarla. Y hacerla de uno.
No existe un saber universal, sino que cada uno alcanza a saber lo que sabe.
La Humanidad no posee sabiduría, sólo conocimientos. Pero la Humanidad nunca llega a ninguna conclusión.
jueves, 18 de mayo de 2006
BRINES, DUQUE
Y con este motivo, Aquilino Duque le dedica una décima estupenda.
Poesía de circunstancias, pero a la altura de la circunstancias.
Algún día, por cierto, tengo que escribir un "Elogio de la poesía de circunstancias".
De momento, felicidades, Brines.
Enhorabuena, Duque.
Acabamiento de ser hombres
El alemán Dilthey la definía como "actividad planeada mediante la cual los adultos tratan de formar la vida anímica de los seres en desarrollo".
Y el pragmatista John Dewey la consideraba como una "constante reorganización o reconstrucción de la experiencia."
Algo tienen todas de verdad, pero a mí la que más acertada me sigue pareciendo es la sencilla y maravillosa de Alfonso X en la Partidas:
"Facer que los fijos vengan a acabamiento de ser hombres."
martes, 16 de mayo de 2006
Un proteccionista del Volkgeist
Meditaciones utópicas sobre la educación humana se titula uno de los últimos trabajos que don Juan Valera entregó a los lectores de la prensa madrileña. Forman estas meditaciones dieciséis artículos que don Juan fue publicando en El Heraldo en el año 1902, tres años antes de su muerte. No se leen hoy los ensayos de Valera, aún vigente como novelista, pero olvidado como dramaturgo y poeta, y casi desconocido, e incluso despreciado, y quizás esto segundo en gracia a lo primero, como ensayista y pensador. Por frívolo y ambiguo se le tiene, y se le acusa de ocultar o, al menos, de velar, por conveniencia social, por no perjudicar su medro personal, su verdadero pensamiento. Que en su obra se encuentren contradicciones notables no implica ambigüedad alguna. Que procurase unir lo útil con lo dulce, muy horacianamente, no quiere decir que fuese frívolo. Valera es tanto o más interesante como pensador que como novelista. Era un espíritu curioso, y si filósofo quiere decir el que busca y ama la sabiduría, no cabe duda de que Valera lo fue. Claro que Valera era hombre… ergo se equivocaba, no cada vez que hablaba, pero sí de vez en cuando.
Las Meditaciones utópicas sobre la educación humana, como lo deja entender su propio título, no son un tratado sistemático de pedagogía, sino reflexiones hilvanadas a vuelapluma, aunque en ellas se reflejen muchos años de cavilación sobre el asunto. Valera no es Comenius, ni Vives, ni Jean Paul… pero no deja de tener interés, y mucho. Confrontar sus ideas con la situación presente de la educación en España puede resultar ilustrativo.
Para empezar, ¿cuál es el papel del Estado en la educación? Valera se declara liberal, y sólo desearía que el Estado se ocupase de la seguridad, de la justicia y de la diplomacia. Quiere que «el Gobierno entienda que no estorbar ni reglamentar, ni competir con los particulares, como fabricante, agricultor o comerciante, es la mejor manera de proteger y de fomentar la industria, el comercio y la agricultura.» Hasta cree que «caminos y canales», o sea, carreteras, autopistas y otras obras civiles, «se dejen a la iniciativa individual». Un programa revolucionario: todavía no se ha conseguido.
Pero… nuestro liberal Valera cree en el Gobierno docente, y no sólo admite sino que reclama que el Estado meta sus sucias manos en la educación. ¿Y cómo lo justifica? Porque cree en el espíritu nacional, en el dichoso Volkgeist. Y eso que afirma que cree poco en él… Oigamos el razonamiento entero:
«No quiero yo suponer —escribe Valera—, como Emerson, pongamos por caso, que hay lo que él llama sobrealma o alma suprema y colectiva del género humano. Ni menos aun concederé yo existencia real al alma o espíritu de cada nación o pueblo. Mas a pesar de todo, e imaginándolo como se quiera, como genio tutelar, como ángel custodio, como resultante o suma de gran multitud de entendimientos y de voluntades, o como algo que persiste y da cohesión a la colectividad sin que se disgregue y desbarate, considero absurdo negar que cada nación tiene o debe tener espíritu propio. Y el cultivo de este espíritu, manteniendo su pensamiento en la dirección que tradicionalmente lleva, sin impedir su progreso y su elevación y mejora, no puede ni debe confiarse al cuidado o al antojo de los particulares, y debe ser función del Estado o del Gobierno que lo representa y ejerce el poder en su nombre.»
Pero, ¿en qué quedamos señor Valera? ¿Tienen o no tienen alma las naciones? Y en el supuesto de que la tengan, y sea ésta lo que sea, ¿por qué no le permitimos a este alma desarrolllarse y expresarse libremente? ¿Tan poca confianza tiene en esa «resultante o suma de gran multitud de entendimientos y de voluntades», o sea, en la gente, o sea, en la suma de las iniciativas individuales? ¿Pero no se declaraba Vd. liberal? Con liberales como estos, ¿qué falta nos hacían los socialistas?
Más de un siglo ha transcurrido desde que Valera contradijese así su liberalismo, al menos en el sector educativo. Los liberales de hoy a lo más que aspiran es al cheque escolar o a defender la concertada de las garras o de las pezuñas de los distintos reinos de taifas de la España autonómica. Yo aspiro a que el Estado retire del todo y por completo sus sucias manos de la educación, desde la primaria hasta la universidad, y no tenga en ella ningún papel, ni siquiera in loco parentis. ¿Utopía? Pues, sí, pero una de esas utopías —pocas— por las que merece la pena luchar.
domingo, 14 de mayo de 2006
Arrebato en la Catedral
No deja de asombrarme el artículo que hoy publica Carlos Colón sobre el acto religioso que tuvo lugar en la Catedral con motivo de la obtención de la copa de la UEFA por el Sevilla F. C. Porque recuerdo el que publicó en junio de 2005, cuando el Real Betis llevó su copa (ya no me acuerdo cuál era, no soy futbolero) a la basílica del Gran Poder. En aquella ocasión lo tituló “Ofrendas a Marte”, y ya lo comenté en su día en esta misma bitácora.
¿Y por qué lo que en el Betis le pareció mal, y pagano y monstruoso, ahora le parece bien si lo hace el Sevilla? ¿Ha cambiado Carlos Colón de criterio? ¿Es que es sevillista y barre para casa, con razón o sin ella? Prefiero pensar que se trata de lo primero, aunque no se excluya lo segundo.
“Para celebrarlo —dice ahora mi admirado articulista— repicó la Giralda y sonó la canción de El Arrebato en el órgano de la catedral.” Y le parece de perlas. A mí también. La clave la dio el cardenal: “¡No saben ustedes lo felices que han hecho a tantas y tantas gentes!” Pues de eso se trata, en el fondo.
martes, 9 de mayo de 2006
Los Machado. Una familia, dos siglos de cultura española

"Cada vez estoy más persuadido de que Manuel y Antonio Machado pensaron y sintieron casi lo mismo sobre casi todo. A pesar de todas su diferencias. Ahora bien, ambos se apartaron mucho de la filosofía de su padre y de su abuelo. ¿Era quizás sólo un cambio de Zeitgeist? En cualquier caso, creo que no se puede ya entender a un Machado sin comprender a los otros".
sábado, 25 de marzo de 2006
POEMAS DEL AMOR Y DEL CONOCIMIENTO
¿Qué cómo es la mujer que busco, preguntáis?
Ya la tengo, y tal como yo la buscaba.
Nada os voy a decir y sin embargo mucho:
A la orilla del mar recogía yo conchas.
En una hallé una perla. Y ahora en mi corazón
escondida la guardo.
de J. W. Goethe, Poemas del amor y del conocimiento, selección y traducción de Enrique Baltanás, Sevilla, Renacimiento, 2006.
miércoles, 8 de marzo de 2006
Time as money
martes, 7 de marzo de 2006
Sabiduría
Y no existe progreso en el conocimiento. Si acaso, en los conocimientos.
Adán y Eva ya sabían todo lo que hay que saber.