LA FRASE

"Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad."

Sir Arthur Conan Doyle

martes, 10 de junio de 2008

Excelencia universitaria


Está de moda el sintagma: excelencia universitaria. A los burócratas universitarios (rectores, vicerrectores, decanos y vicedecanos, bolonios y contrabolonios, expertos de la cosa y cogecosas varios...) no se les cae de la boca. Pero, ¿cómo lograrla? ¿cómo definirla? ¿cómo medirla? Ah, esa es ya otra cuestión. Ahora quieren evaluar a los profesores, e incluso que eso tenga repercusión en el sueldo. Ahora bien, ¿cómo?

La última parida de la USE es que el alumno que lo desee rellena una encuesta por internet. Y esa será la "nota" del profesor. Las preguntas que se plantean son de lo más absurdo, pero es que además se da el caso de algunos profesores en cuya encuesta ha respondido un solo y único alumno, con lo que la objetividad de la evaluación, incluso desde el punto de vista estadístico, es perfectamente descriptible. Además, ni siquiera se sabe si ese alumno era de los que iban a clase o pertenecía al amplio sector de los absentistas.

No le demos más vueltas: la medición de la calidad es sencillamente imposible de hacer en la enseñanza pública.

Una universidad excelente sería aquella que pudiese contratar y despedir libremente a los profesores. Y admitir o expulsar a sus alumnos de manera igualmente libre.

O sea, una universidad privada. La pública tiene otros objetivos, otros parámetros: estabulación de la juventud, reclutamiento de funcionarios, mantenimiento del mandarinato cultural, "bienestar" social (como el hogar del pensionista o el taller municipal de taichi), desarrollo de un nuevo tentáculo del pulpo estatal... Así que... corrección política y buen rollito.

Nota: lo que se dice de la Universidad, se puede decir igualmente de cualquier otro nivel educativo. Véase el caso reciente de la orden de incentivos en los Institutos.

12 comentarios:

Ignacio dijo...

Te enlazo.

Antonio Serrano Cueto dijo...

Suscribo tus palabras. Y añado: no pueden diseñar estrategias para alcanzar la supuesta excelencia y calidad gestores universitarios y políticos tan mediocres como los que sufrimos. La calidad debería empezar por hacer una profunda limpieza entre los adalides de la calidad. Saludos.

Mr Quaker dijo...

Las universidades privadas sólo pueden admitir o expulsar libremente a sus alumnos, si su supervivencia o la de sus diferentes departamentos no está en peligro. Cuando les faltan alumnos o éstos son escasos, se ven obligadas a admitir a casi cualquiera y a aprobarles a todos en la práctica, no vayan a huir en desbandada hacia otra carrera o cambiarse de universidad. Ya no hay alumnos. Son todos clientes y el cliente lleva siempre razón. Al menos, eso es lo que piensan y creen ellos, sus padres, y nuestros decanos y vicerrectores.

Joaquín dijo...

Implantar la medición de calidad mediante encuestas de satisfacción de los usuarios (los estudiantes) es empezar a construir la casa por el tejado.

Apuntas muy bien que el obstáculo para implantar la calidad total en la Universidad, es de índole institucional: los sistemas de calidad no pueden ser compulsivos, sino aceptados por toda la organización. La autonomía departamental requeriría que los sistemas de calidad fuesen adoptados a este nivel, con asistencia técnica rectoral o de facultad.

Por otro lado, está el problema de que no se puede implantar la calidad sin conocer antes los estánderes de calidad a los que puede aproximarse la Universidad, Facultad o Departamento de turno. Sólo cabe hablar de calidad cuando se han definido indicadores comparables.

No hay dos Universidades iguales (comenzando porque el sustrato social de estudiantes y profesores puede ser muy distinto: lo mismo cuando hablamos de los IES).

Aunque es de esperar que las enseñanzas de literatura inglesa, o derecho mercantil, o física cuántica, tendiesen a ser homogéneas, incluso a escala internacional (el Quijote es el mismo aquí y en Peking). Si no fuese así, no concebiríamos qué es la "comunidad científica".

Pero entiendo el inmenso de los docentes a los que tengo oportunidad de escuchar.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Bueno, yo también estoy de acuerdo con tus palabras, pero creo que sería concebible otro estado de cosas. Un tipo de enseñanza media, por ejemplo, similar a lo que alguna vez fueron y representaron los liceos franceses (en los que, por cierto, los profesores eran contratados). Pero para llegar a eso habría que suprimir toda la componente demagógica y clientelar del estado moderno. Y eso no parece que vaya a suceder mañana. Y tampoco parece muy razonable, dada la propensión del poder a exigir certificados de pureza democrática y de adhesión a la doctrina oficial, darle la baza de poder despedir libremente a quienes, en tal caso, no tendrían más remedio que obedecer ciegamente sus dictados.

Joaquín dijo...

Arriba veo que mi último párrafo es ininteligle. Quería decir que entiendo el inmenso desaliento de los docentes a los que tengo oportunidad de escuchar.

Aunque vuelto a pensar con calma, y menos prisa, hablar de un desaliento inmenso me parece exagerado. Sobre todo con el affaire de los 7000 euros (¿era esa la cantidad?) los profesores de la enseñanza media han demostrado gran fortaleza de ánimo.

Juan Antonio, el.profe dijo...

Me adhiero a tus palabras (para la Universidad y para las enseñanzas medias). Y coincido igualmente con Antonio Serrano: los que desde el poder político hablan de calidad no la poseen; de mentes mediocres sólo pueden salir ideas mediocres. El régimen de guarderías en que se ha convertido el sistema educativo español es cada vez más prolongado. Y nadie coge el toro por los cuernos.

Francisco Sianes dijo...

Me temo que el problema es mucho más grave.

La excelencia -en la educación como en el sexo- no se obtiene poniendo notas ni ofreciendo incentivos económicos, sino generando su deseo. Y, ante impotentes culturales -o, ya que estamos, sexuales-, toda estrategia sobra.

La privatización no solucionaría, sustancialmente, nada. Quizá sobreviviría alguna privada que ofreciera una educación exigente (que elegirían cuatro gatos: los pocos doctos que en el mundo quedan). El resto de las privadas, como ha apuntado mr quaker, vivirían de lo que viven hoy: de expender títulos previo pago.

Sagazmente, la estrategia del sistema educativo público no ha sido competir con la educación privada ofreciendo más exigencia y excelencia, sino adoptando la misma estrategia de regalar títulos (con la indiscutible ventaja de la gratuidad. Una jugada perfecta).

Evidentemente, a eso van encaminadas las estrategias con las que nuestros próceres acechan la universidad. Poniendo el sueldo (¿el puesto?) de los profesores en manos de los alumnos (como pasa desde hace tiempo, ay, en la enseñanza segundaria), se garantiza que aquéllos se entreguen ya definitivamente a los caprichitos de éstos. El profesor universitario, que sabe que al alumnos quiere sólo su titulito, se aprestará a aprobar a todo quisque y a no contrariar la más mínima querencia de su pupilo: no vaya éste a cascarle una mala nota.

Si no es el alumno el que exige una educación exigente y rigurosa -lo ideal- o no son las administraciones las que imponen ese rigor -lo más realista- ¿qué viabilidad tiene un sistima sustentado en la excelencia?*

Yo defiendo un sistema educativo público basado en la disciplina, el esfuerzo y el rigor intelectual. Claro que, tal como está la cosa (y la conozco desde dentro), quien desee una educación rigurosa ya puede ir ahorrando para la matrícula en las poquitas universidades privadas que se la ofrecerán.

* [Pregunta retórica]

Cabezota sin remedio, corazón enorme dijo...

El problema de la Universidad española comenzó por una Autonomía mal entendida.

El profesor debe tener autonomía para que ningún político (más quisieran algunos) le diga lo que tiene que enseñar.

Pero eso no justifica su carácter de administración independiente, con su propio personal, su propio presupuesto.

El otro día me pasé por la facultad de Derecho. Fue triste observar cómo algunos asistentes, totalmente ineptos, auténticos ignorantes jurídicos, habían pasado a ser profesores titulares. Eso lo dice todo. Lo primero debería ser garantizar la calidad del profesorado.

Yo terminé la carrera de Derecho con 19 MH. Y no tenía ni idea de Derecho. Después de 4 años opositando, al menos en el plano teórico, sé mucho más Derecho que la mayoría de profesores de menos de 40 años.

Después de aprobar las oposiciones, me quedan 2 años de prácticas. Es un sistema de selección durísimo, e incluso injusto. No voy a pretender que para dar clases en la Universidad se tenga que pasar por lo mismo. Pero lo que no entiendo es que para ser Juez haya que superar unas oposiciones durísimas y los que van a ser profesores de los jueces ni siquieran tengan que pasar por unas oposiciones "medio decentes".

Yo no tengo que hacerle la pelota, señor Baltanás, porque ni he sido alumno suyo ni lo voy a ser. Pero lo que sí sé es que es usted un gran profesor, de los mejores de la Facultad. Me lo dijo una alumna suya cuando era su alumna, hace muchos años.

Morgenrot dijo...

Desconozco la situación actual de la universidad.
Me licencié en derecho, obtuve "nosecuántas M.H" y no pisé despacho alguno. Tuve grandes profesores, y algunos mediocres; otros, los menos, para darles el finiquito.
También estudié en la pública el BUP y el COU, con un alto nivel de exigencia.

Sin embargo, mis hijos están en un colegio, alemán, privado, y a base de sacrificios económicos y de exigencia para con éllos. Y allí no te regalan nada, por eso elegí ese Colegio.

El problema está desde la base hasta el punto más alto de la pirámide, y es conceptual. La esencia del pensamiento imperante es llegar a todos y que todos lleguen , sirvan o no, sin esfuerzos ni disciplinas, y pocos contenidos.
Es como el cambio de la "esencia plástica" de Ortega, que citaba entradas anteriores. Nos quieren hacer comulgar con ruedas de molino.
El problema es mayúsculo, porque la educación es la base de una sociedad.

Auberon Quin dijo...

¿Y si, por una vez, retomáramos alguna tradición que funcionó y que en algún lugar de lengua inglesa todavía funciona (y son ya más de siete siglos)? ¿Por qué Oxford y Cambridge se resisten a Bolonia como se han resistido en gran parte al mismo "estado moderno"? Quizás habría que replantearse el dejar que los profesores fueran realmente profesores y los alumnos realmente alumnos y para que no hubiera ni funcionarios ni clientes las unviersidades -y las escuelas- se constituyeran como fundaciones con patrimonio propio que les permitiera subsistir sin que la sospecha de la venta de títulos se cierna sobre su honor...
Pero esto va más allá de una reforma legal: afecta a la concepción misma de las instituciones educativas que tenemos en Europa desde Napoleón y las desamortizaciones...

Alumno universitario dijo...

Hay muy pocos alumnos que realicen la encuesta porque no es anónima y el plazo cierra una semana antes de los exámenes. ¿Quién se arriesgaría?