LA FRASE

"Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad."

Sir Arthur Conan Doyle

domingo, 28 de diciembre de 2008

De la invisibilidad del traductor


En el Correo de Andalucía de hoy domingo, reportaje de Alejandro Duque sobre la traducción en Sevilla. Cree uno que la traducción en Sevilla debe de ser como la traducción en Toledo, en Singapur o en Matalascañas, pero, por lo mismo, se plantean las mismas cuestiones. No voy a entrar en el precio de la traducción, que es asunto molesto y deprimente. “Es muy difícil vivir de esto, se hace sobre todo por afición”, se lamenta el bueno de Fernando Rodríguez-Izquierdo, traductor del japonés. Ya digo, no hablemos de esto. Los caballeros no hablan jamás de dinero (en público). Y con esto no quiero decir que Fernando no sea un caballero, sino precisamente que lo es por encima de la media y por lo tanto puede permitirse el lujo de prescindir de las convenciones.

Otra joven traductora, Yolanda Morató, se lamenta de que "en general, uno de los problemas que nos encontramos con más frecuencia es el de la invisibilidad: podemos pasar medio año preparando una edición crítica, y luego sale una reseña y se ignora por completo nuestro trabajo".

Y esto sí que es verdaderamente interesante, el tema de la invisibilidad del traductor. Anda uno leyendo estos días Bartleby y Compañía, lo primero que lee -mea culpa, mea culpa- de Enrique Vila-Matas. Y se me ocurre si no será el traductor una clase especial de bartleby, es decir, alguien que no ha renunciado a escribir, pero siempre que sea por boca de otro. Una especie de ventrílocuo. ¿O habrá traductores bartlebys y traductores no bartlebys? ¿Traductores que quieren dejarse ver y traductores que prefieren pasar desapercibidos?

No sé, es todo tan complicado... y, todavía más, como para resolverse en un blog, así, de un plumazo o de una entrada. Yo, desde luego, aquí lo dejo.