LA FRASE

"Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad."

Sir Arthur Conan Doyle

miércoles, 13 de julio de 2016

LOS SUCESOS DE JULIO DEL 36 EN ALCALÁ DE GUADAIRA (1)

A la memoria de mi hermano Rafael,
con quien ya no podré contrastar este artículo

Se cumplen en este 2016 ochenta años de aquellos aciagos acontecimientos que tuvieron lugar en Alcalá, como en toda España, en julio de 1936. Acontecimientos que debieran ya ser sólo materia de estudio sereno por parte de historiadores, una vez cerradas y cicatrizadas las heridas, y muertos tiempo ha los que los protagonizaron, si no fuera porque la promulgación, por razones electorales, de la Ley de Memoria Histórica (2007) por parte de uno de los más irresponsables gobernantes que ha tenido España no hubiera pretendido abrir divisiones entre los españoles hace tiempo superadas.
En lo que sigue, y ciñéndonos a los sucesos de Alcalá, sólo pretendemos establecer un status quaestionis, así como delimitar las lagunas o incógnitas que todavía subsisten. La bibliografía existente se reduce a tres libros: el de Vicente Romero Muñoz, Alcalá de Guadaíra. Julio de 1936 (2009), las aportaciones de Javier Jiménez en Permanencias y cambios en la Baja Andalucía. Alcalá de Guadaíra en los siglos XIX y XX (1995, pp. 309-461) y, por último, Alcalá de Guadaíra, 21 de julio de 1936: Historias de una venganza (2007), de Félix Juan Montero.
El primero está escrito desde una perspectiva declaradamente religiosa («Me quedo con algunos secretos. Este libro no servirá para reemprender polémicas, iría contra mi ideal de cristiano...»), lo que quizás iría contra ese ideal, pero no contra lo que esperamos de la labor de un historiador. Con todo, y a pesar de los secretos que dice reservarse, constituye un testimonio imprescindible, por ser su autor coetáneo de los hechos narrados.
Por su parte, Javier Jiménez parece escribir desde una perspectiva «politically correct», más inclinado a compartir las tesis de un Paul Preston que las de un Stanley G. Payne, para entendernos, lo que no obsta para que sea el estudio más documentado y completo hasta la fecha (con matices, eso sí, con muchos matices).
El mito de la venganza
Por último, el libro de F. J. Montero, consecuencia de la mentada Ley de Memoria histórica, sostiene la tesis de que «lo que ocurrió en Alcalá a partir de la tarde del 21 de julio de 1936 fue un escarmiento despiadado y sin misericordia; una venganza programada y dirigida» porque, lógicamente, las víctimas de aquella «venganza programada» «sólo eran personas comprometidas en mejorar la vida de su pueblo desde las instituciones legítimamente establecidas», al decir de los ilustres prologuistas del libro, Antonio Gutiérrez Limones y Fernando Rodríguez Villalobos (o sea, que no hubo previamente violencias, ni incendios, ni saqueos, ni destrucción del patrimonio, ni asaltos a casas particulares, ni alteraciones del orden público, ni intimidaciones, ni detenciones ilegales, ni desacato a las propias leyes republicanas, ni resistencia a la autoridad...).
Lo curioso es que la propia tesis del libro queda desmentida en su propio texto: no sólo la represión en Alcalá fue menor que en otros pueblos, sino que, pasados los primeros meses de muertes por simple aplicación del Bando de Guerra, muy pronto los procesos se encauzaron a través de la justicia militar, con acusación, deposición de los propios acusados, abogado defensor, testigos, pruebas y testimonios. Algunos salieron absueltos; otros, condenados a penas severísimas, que pronto se reducían a penas menores y que les permitieron salir libres más pronto que tarde. Un caso que puede servir de botón de muestra es el del apodado el Chele, uno de los agitadores más destacados en las jornadas de la orgía roja. Huyó y pasó toda la guerra en el bando republicano, donde quedó ciego por la explosión de una granada. Los testimonios en su contra fueron abrumadores: «durante los días de dominio rojo se distinguió en la persecución y detención de personas de orden, fue uno de los principales directores de los saqueos e incendios de las casas particulares e iglesias de la población, así como Jefe de los servicios que montaron los rojos, colocando alambradas para resistir la entrada de las tropas nacionales; intentó prender fuego al depósito municipal donde se encontraban detenidos los elementos de derecha; y por último huyó de Alcalá cuando el día 21 de julio de 1936 entraron las referidas tropas.» Alguno de los testimonios llegaba a relacionarlo con el asesinato de Agustín Alcalá.
Cuando fue juzgado el 25 de septiembre de 1939, el fiscal pidió para él la pena de reclusión perpetua, mientras que el defensor, que hizo notar la ceguera que sufría (que «ya es bastante castigo», llegó a decir), solicitó una pena de seis meses y un día , y esta fue la pena que finalmente le fue impuesta por el tribunal. El Chele salió en libertad el 30 de octubre de 1940. A pesar de haber luchado en el bando republicano, le dieron permiso, gracias a una recomendación, para ser vendedor de la ONCE y así ganarse la vida. Murió en su casa, sin que nadie le molestara, a los 75 años.

En realidad, Javier Jiménez explica la relativamente escasa dureza de la represión (90 fusilados frente a los 415 de El Arahal, por ejemplo) por tres factores:
    - la huida de muchos de los rojos más activos a la zona republicana.
    -la escasa resistencia ofrecida por los partidarios del Frente Popular apostados en la carretera de Sevilla, puestos en fuga prácticamente al primer cañonazo.
    -la inexistencia, sobre todo, de víctimas de derechas durante los días del Comité Revolucionario, pues como se sabe, y a pesar de varios intentos, finalmente no se metió fuego a la cárcel en que estos se encontraban detenidos, como ocurrió en otros pueblos.
La secuencia de los hechos puede resumirse así: a) 17 de julio, asesinato de don Agustín Alcalá y Henke, b) 18 de julio, constitución de un Comité Revolucionario, con plenos poderes autootorgados, integrado por miembros del Frente popular y también anarquistas; se organiza una «milicia popular», c) 19 y 20 de julio: La noche del 19 se queman Iglesias, conventos y casas de patronos; previo encarcelamiento de 38 personas significadas de la «derecha». Desde la estación del Adufe se corta el suministro de agua a la capital, que tampoco recibe el pan de Alcalá. Esa misma noche se vigilan los accesos a la ciudad por unos 40-50 milicianos. d) Día 21, al atardecer del día 21 de julio la columna de Castejón llega a Alcalá, sitia el ayuntamiento y tras un tiroteo, la mayoría del Comité logra huir.
Continuará

(Publicado en el núm. 433 de La Voz de Alcala, correspondiente al periodo del 1 al 14 de julio de 2016,  p. 16. La segunda y última parte del artículo aparecerá en el próximo núm., el del 15 al 31 de julio. Desgraciadamente este quincenario no tiene versión digital)