LA FRASE

"Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad."

Sir Arthur Conan Doyle

sábado, 10 de marzo de 2007

Paradoja en tiempo de Cuaresma (sábado de la segunda semana)

[Detalle del Juicio Final, por Miguel Ángel]

Algún día me gustaría llegar a ser un buen católico. Incluso, por qué no, un santo. Desconocido, como el soldado. Ahora, desde luego, no lo soy, ni lo primero ni, muchísimo menos, lo segundo. Pero creo estar en el camino adecuado para lograr lo primero y, acaso, acaso, lo segundo. Hace tiempo que me volví un pecador contumaz y sistemático, y me he entregado a toda suerte de vicios y depravaciones. Menos el de no robarás y el de no matarás (para esos, lo reconozco, no tengo estómago), he infringido casi todos los preceptos. Mi lema es: ¡Por el pecado hacia la Salvación!
P. D.: ¿Será esto, más que una paradoja, una blasfemia? Pues si es lo último, nada, otro pecado más.

[Pero véase el Evangelio de hoy, Lucas, 15, aquí]

6 comentarios:

Rocío Arana dijo...

Buenísimo!

Juan Ignacio dijo...

La verdad es que no puedo darte una respuesta pero si simplificarte un poco las cosas, creo. Tengo entendido que ser un buen católico y ser un santo es lo mismo.

Luego podría complicar la cuestión y decir que decir eso de buen católico es algo redundante, bastaría decir católico o sino un verdadero católico.

Saludos.

CB dijo...

¿Dónde está la paradoja, Enrique? Los cristianos sabemos que somos criaturas de pecado necesitadas de salvación. Los católicos, además, creemos en el sacramento de la confesión, que para algo existe: ahí están los brazos abiertos y conmovidos del padre de la parábola, y el traje de fiesta.
Y en cuanto a la blasfemia, tampoco la veo, es más, ahí estoy contigo:
"- Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que le está tocando y lo que es: una pecadora.
Jesús tomó la palabra y le dijo:
- Simón, tengo algo que decirte.
Él respondió:
- Dímelo, maestro.
Jesús le dijo:
- Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más?
Simón contestó:
- Supongo que aquél a quien le perdonó más.
Jesús le dijo:
- Has juzgado rectamente."

Emilio Quintana dijo...

Más que blasfemia me suena a "boutade" valleinclanesca.

Yo la verdad es que he hecho bastante poco por mi fe. La que tengo -soprendentemente firme y cada vez mayor- me la han dado sin pedirla.

Y con que Dios me perdone los pecados, ya me daré con un canto en los dientes.

Por cierto, ¿es más difícil ser un santo o ser un héroe?

Claudio dijo...

Si me permites la sinceridad: ufff, demasiado lío. Se trata de intentarlo una y otra vez. Juzgar, juzgará Dios.

Jesús ha querido darme luz acerca de este misterio. Puso ante mis ojos el libro de la naturaleza y comprendí que todas las flores que él ha creado son hermosas, y que el esplendor de la rosa y la blancura del lirio no le quitan a la humilde violeta su perfume ni a la margarita su encantadora sencillez... Comprendí que si todas las flores quisieran ser rosas, la naturaleza perdería su gala primaveral y los campos ya no se verían esmaltados de florecillas...

Eso mismo sucede en el mundo de las almas, que es el jardín de Jesús. El ha querido crear grandes santos, que pueden compararse a los lirios y a las rosas; pero ha creado también otros más pequeños, y éstos han de conformarse con ser margaritas o violetas destinadas a recrear los ojos de Dios cuando mira a sus pies. La perfección consiste en hacer su voluntad, en ser lo que él quiere que seamos...
Teresita de Lisieux, Historia de un alma,Capítulo I.

Rocío Arana dijo...

A mí me parece genial. Todos podemos ser santos desconocidos, tenemos toda una vida por delante.