LA FRASE

"Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad."

Sir Arthur Conan Doyle

domingo, 26 de julio de 2009

Vanguardia y autorrepresión: el extraño caso de Leopoldo Panero


La moda es el fenómeno mimético por excelencia. Se habla incluso de la dictadura de la moda. Y hay modas de todo tipo: la del vestido, la de las costumbres, la de las mentalidades, las poéticas... Porque también en poesía hay modas y tiranías.

La tiranía de la moda, su presión, puede llevarnos incluso a apartarnos de aquello que más íntimamente sentimos o deseamos, a engañarnos a nosotros mismos, a reprimir nuestros propios propósitos o castigar nuestras propias convicciones.

En la España de los años veinte y treinta, la moda, en poesía, era la de la deshumanización, la de la pureza geométrica, la de la química destilada de las metáforas. Por supuesto, Antonio Machado estaba démodé. Los jóvenes no lo tenían por maestro, sino como una especie de abuelito venerable. Un valor amortizado.

Uno de estos jóvenes era Leopoldo Panero. Su caso nos lo cuenta Araceli Iravedra en uno de los libros más esclarecedores sobre la post-vida poética de Antonio Machado: El poeta rescatado (Biblioteca Nueva, Madrid, 2001):

... el joven Panero, sometido a los tiránicos vaivenes de las influencias, de los sucesivos manifiestos teóricos, de las mil y una posturas personales y credos poéticos, se vio abocado a la contradictoria práctica de escrituras simultáneas y, en último término, a relegar al anonimato los frutos de sus más auténticas inclinaciones creativas. Así fue como, mientras por los primeros años treinta Panero iba publicando en las revistas de avanzada poética composiciones de carácter "verbalista", de acuerdo con el último grito de las más actuales estéticas puras, escribía de forma un tanto clandestina una poesía de retorno a lo humano, de vuelta al sentimiento, de regreso a los temas líricos tradicionales y eternos: el amor, la muerte, la tierra y el paisaje de España.
(Las cursivas corresponden a "Unas palabras sobre mi poesía", del propio L. P.)


De hecho, los Versos al Guadarrama no se publicaron hasta 1945, y aun así fragmentariamente, en una revista.

Y en la conferencia "Unas palabras sobre mi poesía" se refirió el propio Panero a un artículo suyo sobre don Antonio que había publicado en El Sol el año 31, y del que dice que en él se vio obligado a alejarlo en el tiempo y en el espacio, como si ya estuviese muerto, como si se tratara de un clásico, al que, como tal, no era pecado de leso vanguardismo enaltecer y admirar. El artículo se titulaba significativamente "Antonio Machado en la lejanía".

Sí, la tiranía de la moda puede conducir hasta la autocensura. Y, por supuesto, al disimulo.

Pero, por último, fijémonos en otra cosa sobre la que próximamente hemos de volver: la recuperación o rescate de Antonio Machado por parte de del grupo de la revista Escorial -Dionisio Ridruejo a la cabeza- no fue sólo de intención política (aunque también) sino, y fundamentalmente, estética.

Como lo resumió Aquilino Duque en un número de la revista Ínsula de 1965:

A los escritores aparecidos en torno a 1936 cabe la honra de haber vuelto los ojos a Unamuno y a Machado, padres de la poesía española contemporánea. Consiguientemente, la poesía se elevó a Dios y se abrió al prójimo y se devolvió su valor al hombre concreto, a la palabra temporal, a la realidad vivida frente a la realidad inventada. Se procedió entonces a la rehumanización del arte.


Claro que "vueltas a Machado" ha habido varias desde entonces. Y no todas de legítimo valor. Pero, ya digo, volveremos.

4 comentarios:

Antonio Serrano Cueto dijo...

Estupenda entrada, Enrique. Al menos, por lo que leo en sus palabras, Panero tuvo la decencia de reconocerlo. Un abrazo.

Aquilino Duque dijo...

¿Puedes decirme cuál es el número de "Insula" en que publiqué lo que citas? Mil gracias, Aquilino

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Enrique comenzamos bien lo prometido o anunciado.

Genial, simplemente.

Enrique Baltanás dijo...

"Encuesta: Generación del 36", en Ínsula, 224-225 (julio-agosto, 1965), p. 6.