LA FRASE

"Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad."

Sir Arthur Conan Doyle

miércoles, 1 de abril de 2009

Sentido y sinsentido (1 de 3)

¿Tiene la vida humana algún sentido? ¿O es sólo el resultado de alguna evolución ciega, de un caprichoso y tragicómico azar?

Una pregunta clave, que a menudo se han hecho los filósofos, que cada día se hacen millones de hombres, incluso aunque no lo sepan o no se den cuenta.

¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? ¿Qué hacemos aquí?

Pero hay otra pregunta previa a ésta, una pregunta más terrible todavía, una pregunta que es, sin embargo, ya una respuesta:

¿Por qué el hombre es el único ser sobre la tierra que se pregunta por el sentido? ¿Por qué al hombre no le basta con comer, beber, reproducirse...? ¿Por qué, a veces angustiosamente, se pregunta acerca del sentido? ¿Por qué no le basta con el azar, con el instinto, con la resignación callada ante la muerte? ¿Por qué?

7 comentarios:

Jesús Cotta Lobato dijo...

Uno de los efectos secundarios de la inteligencia es que vemos la muerte al final del camino. Y relacionada con tu pregunta, hay otra que la responde: si la inteligencia fuera un mero resultado de una evolución ciega, una mera adaptación al medio, ¿por qué está tan sobredotada? Nos habría bastado con una inteligencia que nos diera lo suficiente para comer y reproducirnos, igual que al colibrí le basta su pico adaptado al cáliz de algunas flores, pero ¿por qué nuestra inteligencia no sólo se pregunta, como tú dices, por el sentido, sino que además se pregunta por estrellas a las que no irá y por sus componentes y por el origen del cosmos y, encima, al aplicar al cosmos las matemáticas, que están en la mente, el cosmos se deja matematizar, como si entre la mente y el cosmos hubiese correspondencia? Quizá, Enrique, la racionalidad del universo es un dato esperanzador para los que buscamos un sentido.

José Miguel Ridao dijo...

Grandes preguntas, Enrique; siempre me ha fascinado la escatología. A veces pienso que la capacidad de raciocinio es un regalo envenenado a la especie humana, aunque por otro lado nos permite momentos de intensa felicidad que, sospecho, están vedados a otras especies, que a pesar de todo también sufren... o eso me parece a mí.

Anónimo dijo...

Porque tiene conciencia.

Antonio Javier Sánchez Risueño dijo...

Seguramente sólo del hombre podemos decir que vive, el animal se deja vivir. Perfectamente ajustado a su entorno, fijo en su nicho ecológico, el animal propiamente no obra desde sí (carece de sí-mismo) sino que descansa en su sistema de automatismos psico-fisiológicos. Por eso para el animal no hay realidad como tal, entidades subsistentes. Para el animal el agua no es "agua", es aquello que satisface la sed, que refresca y humedece. Y aun así el lenguaje nos traiciona, pues al hablar de un "aquello" que quita la sed ya sustantivamos, cuando para el animal las cosas no son sino en relación a sus pulsiones, deseos y actividades.
Pero el hombre es "animal de realidades" (Zubiri). No es sólo psique, es también nous, intelecto constitutivamente abierto al ser como horizonte inagotable. Al captar las cosas como "reales", como siendo "otras", se abisma en la extrañeza, cobra consciencia del hiato imposible de colmar entre el impulso vital y las cosas que forman su entorno. Ya para el hombre es imposible la "inocencia" del animal, esa continuidad perfecta entre el propio ser y el mundo, que sólo se manifiesta como disponibilidad o resistencia. Captar lo real como real nos retrotrae a nuestra intimidad (el ámbito de lo propio), abre el espacio interior de la conciencia, y es entonces cuando lo real se dibuja confrontado con la posibilidad. La consciencia siente una infinita añoranza de alteridad, es de por sí tensión referencial, intención. Lo real me ata como fuerza impositiva, en lo real estoy implantado, mas como acabo de decir el vínculo con la realidad incluye la asunción de lo posible, el vértigo de existir y la paradoja de la libertad.

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Porque tenemos la necesidad de pensar, va innato en nuestro ser, igual que comer, y todo lo demás.

Sin pensar, no somos.

Un abrazo Enrique.

Antonio Serrano Cueto dijo...

No es que te hagas muchas preguntas, es que te (y nos) haces la PREGUNTA. Si tuviera respuesta, ésta acabaría de un plumazo con el espíritu del hombre. Porque sobre esta pregunta reposa la dimensión especulativa y creativa del hombre. Y ahí cabe todo. Un abrazo.

Joaquín dijo...

Después de leer los excepcionales comentarios que anteceden, a mí sólo se me ocurre recordar el gran librito de Viktor Frankl, El hombre en busca de sentido. La idea es que necesitamos, para vivir, conceder un sentido a nuestra existencia (aunque de hecho no lo tenga). Y añado yo, vivir como si fuésemos a perdurar, aunque nuestro destino real (¡quién sabe!) sea la simple extinción y aniquilación material (posibilidad que me aterra). Pero hay que apostar por la vida y por el sentido.