LA FRASE

"Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad."

Sir Arthur Conan Doyle

martes, 15 de agosto de 2006

"Transescrituras"

En su Diario de lecturas, el poeta cordobés Vicente Luis Mora comenta la obra ensayística de Rosa María Rodríguez Magda:

El modelo Frankenstein. De la diferencia a la cultura post; Tecnos, 1997
El placer del simulacro. Mujer, razón y erotismo; Icaria, Barcelona, 2003
El deseo y la mirada; Llambert Palmart S.L., 2003

Para quienes desconozcan la obra de la señora (o señorita) Rodríguez Magda, VLM la resume en unas pocas líneas:

"La obra ensayística de Rodríguez Magda se inserta en un espacio problemático, aquel que intenta encajar el feminismo con la posmodernidad, marco que está propiciando una interesante discusión sobre ambos conceptos, y sus relaciones. Para autoras como Linda Nicholson (1990), el feminismo es una de las características de la posmodernidad. Para otras como Celia Amorós, la posmodernidad consiste sobre todo en “adoptar voz de mujer” (1997:335), creando estatutos femeninos (como los del Antiedipo de Guattari y Deleuze) cuya voz es falseada o más bien fruto de una ventriloquia masculina de fondo (en el mismo sentido, Owens 1985:96). Casi todas las posturas feministas coinciden, eso sí, en echar la vista atrás para localizar las tensiones clave: como señala Rodríguez Magda, “el pensamiento de la diferencia sexual arrancaría más bien de la constatación de la quiebra de la modernidad, aunque no enmarcándose necesariamente en un movimiento tan heterogéneo como ha resultado ser el postmoderno” (1997:94); para Amorós, la tensión central es la Ilustración; para Nicholson, la Modernidad; mientras que “para Susan Hekman, la postmodernidad tiene dos caras. El talante postmoderno, como buena parte del feminismo, desvaloriza las epistemologías de la Ilustración, un rasgo especialmente marcado en los debates sobre las ciencias humanas. Pero pocas feministas se definen como postmodernas. ¿Por qué? Porque los feminismos precursores comparten el ideal ilustrado de la emancipación que también caracteriza al humanismo liberal y al marxismo. (…) Para Hekman, la solución sería un feminismo y un postmodernismo mutuamente influidos” (Lyon 2000:122)."

¿Han entendido algo? Yo, no se preocupen, tampoco.
Pero oigamos a la propia Rodríguez Magda:

"Retomar los retos de la modernidad, asumiendo su crisis posmoderna es lo que caracteriza el ímpetu ético de una nueva era, que he dado en llamar ‘transmodernidad’. No es el ‘pos’ el sufijo que caracteriza nuestro presente sino el ‘trans’: transformación, transmisibilidad, trasnacional, transpolítica, transexual… Dinamismo, flujos, redes… configuran la faz de la economía, de la cultura y hasta de la imagen personal. Frente a la aseveración posmoderna de que ya no eran posibles los grandes relatos, ha surgido un nuevo gran relato con vocación todavía más omnicomprensiva que los anteriores: la globalización (2003:8)."


Sin duda el señor Vicente Luis Mora y la señora Rodríguez Magda, ya puestos, podrían patentar la transescritura: esa que no hay Dios que la entienda. ¿O estaba ya patentada?

6 comentarios:

Enrique Baltanás dijo...

... Y que conste que yo no censuro lo que dicen, ambos, si cómo lo dicen.

canalsu dijo...

Para su transquilidad, le aconsejo una buena empresa de transductores globalizadores que le eviten el transtorno mental derivado de la lectura de este transto.

Si la encuentra, le ruego que me lo comunique para explicarme qué leche es "transpolítica" pues me suena a algo así como más allá de la política, lo cual me produce un entusiasmo desmedido que puede conducirme a dar un transpié: pensar ilusamente que nos hemos librado de ellos.

Poeta de/por provincias dijo...

Estimado Enrique Baltanas:
Creo que hay fragmentos mas inteligibles de Vicente Luis Mora, que el que señala. Pese a ello, me parece un critico muy interesante. Sin embargo, le propongo rebatir los comentarios negativos que de usted hace el señor Mora, en su libro Singularidades.

P.S: Disculpe el desastre de las tildes. ¡El ordenador no me deja!

Mora-Fandos dijo...

Siguiendo con lo que comenta canalsu, creo que Rodríguez Magda se olvida de otra palabra trans, trascendente, pero quizás no interesa que salga en la nómina. Y también hay que decir que trans no es un sufijo, sino prefijo.

La pega principal que les veo a los defensores de la post o transmodernidad es esa prerrogativa de hablar desde un discurso inmune a las dictaduras del discurso general que manipulan al resto de los mortales. Pero como esto ya lo hacía Foucault (vid. Las palabras y las cosas), que era muy trans, se ha convertido en argumento de autoridad y piedra miliar de una tradición de sujetos que no creen en argumentos de autoridad ni en tradiciones. Lo importante siempre es autoeximirse, pero sin que se note bajo el bote de humo de las logorreas.

Enrique Baltanás dijo...

"... el bote de humo de las logorreas": no puede estar mejor dicho. Supongo que la transcendencia es algo trans-nochado para los trans-modernos.

Anónimo dijo...

Sobre el término y el libro "Transmodernidad" ver:

http://www.primeravistalibros.com/fichaLibro.jsp?codigo=1557