LA FRASE

"Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad."

Sir Arthur Conan Doyle

jueves, 9 de noviembre de 2006

Las dos clases de crítica

Quizás, en última instancia, sólo hay dos clases de crítica: la crítica anatómico-forense y la crítica impresionista.
La forense gusta de operar sobre cadáveres, como es natural, pero tampoco desdeña, de vez en cuando, abrir cuerpos vivos, aunque sea en operaciones indoloras y con anestesia.
La crítica forense analiza, separa, disecciona.
Señala fuentes, detecta isotopías, levanta el plano de las estructuras, inventaría el utillaje retórico, nos informa cuánto tiempo tardaron ciertas ideas en convertirse en tópicos.
La crítica forense es discurseadora y lógico-deductiva (y de vez en cuando esta lógica le falla, por demasiado lógica).
Corta las vísceras de los personajes, abre las venas del texto, del hipotexto y del paratexto. Descubre las huellas y los sedimentos de las sustancias intertextuales. El cuerpo, o corpus, sobre la mesa, es, por supuesto, ya cadáver. O está en estado de catalepsia.
En cambio, la crítica impresionista palpa un cuerpo vivo. Sus herramientas son la intuición y la simpatía, el ojo clínico del médico avezado, aunque no por ello deje de usar las tijeras de la razón ni los hilos de sutura de la historia y de la erudición.
Se trata de una crítica personal y subjetiva. Su terreno es la interpretación, el desvelamiento, la traducción, el trasvase. De un alma a otra, del escritor al lector.
La crítica forense siempre llega tarde. Cuando, quizás, ya nada sirve para nada. Su peligro, más que la frialdad, es la nimiedad.
La crítica impresionista, en cambio, se produce en el mismo momento del latido, y es en sí misma también otro latido. No es máquina, es hombre. No es laboratorio, es literatura. Su riesgo mayor es el capricho. Un capricho que, en casos graves, se convierte en injusticia.
Pero el forense sólo es capaz de practicar una autopsia. El crítico impresionista logra, a veces, el milagro de resucitar a un muerto. Acaso, en el fondo, porque practica una transfusión sanguínea.

4 comentarios:

gutiforever dijo...

Le recomiendo Baltanás,por si no lo ha leido,el artículo de Perez-Reverte sobre García Posada,presidente de la asociación de críticos literarios de España.
Impagable y demoledor.
Lo publicó en "El Semanal",el pasado 22 de octubre.
Coda:
Puede verlo,visitando la web www.capitalatriste.com,en la sección "patente de corso".

E. G-Máiquez dijo...

Gran entrada; y tomo nota de ambos riesgos, la nimiedad y el capricho, como Caribdis y Escila...

Rocio Arana dijo...

Chapeau, don Enrique. Yo siempre me acuerdom del poema de dÓrs donde dice "cementerio de texto", expresión que Joaquín Moreno eligió como título para un poema suyo.

Magda dijo...

Muy interesante lo que dices; sin embargo, me permito comentar algo, es solo mi opinión, por supuesto. La "crítica forense" no siempre llega tarde, tampoco es fria (eso depende de quien la haga y cómo la haga, no de la teoría literaria en la que se sustenta), ni me parece que su peligro sea la nimiedad. La "crítica forense" puede ser sostén, herramienta nada más, no texto desplegado de datos o palabras que al lector, no versado en teoria, canse o aburra. Es un excelente sostén para no ser sobreinterpretador y decir cosas que se imaginan pero que no las da el texto, se inventan. La "crítica forense" hace un trabajo reflexivo, con ello quiero decir que es adonde se fundamenta, la base, y puede no verse en la lectura pero ahí está, se siente. Pero se que hay quienes hacen esta "crítica forense" de lo más aburrido, pero no lo es, depende, repito, de quien la realiza y cómo la realiza.

La "crítica impresionista" también me gusta (aunque me gusta más la forense bien realizada), pero sin dispararse al infinito y haciendo otro libro totalmente diferente del que está haciendo crítica.