LA FRASE

"Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad."

Sir Arthur Conan Doyle

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Azorín, incomprendido y airoso

Los malos periodistas de entonces, los que de toda novedad no ven más que lo que puede ser convertido en cuchufleta, la tomaron con Azorín, y era doloroso ver las parodias de que le hicieron objeto.
"Yo me levanto..., yo me acuesto..., yo tomo mi bastón..., yo toso..., yo...."
"Don Juan, don Pedro, don Eustaquio, don Próculo, don Pablo, don Antonio", y daban largos santorales.
Y lo que más les indignaba, sin comprender el efecto de lentitud y contraste que Azorín buscaba en ese detalle, era que sonasen todas las campanas de una hora en los relojes parsimoniosos de los ábacos que aparecían en la obra de Azorín.
Detrás de aquel modo de señalar "la una, las dos, las tres, las cuatro, las cinco, las seis, las siete, las ocho", ya no veían más, ya no leían ni comprendían el resto.
Todas las mañanas aquellos periódicos gris claro traían su alusión mortificante a Azorín. ¡Cuántas disputas tuvimos entonces por su causa! Nadie le comprendía, todos se confabulaban contra él en risotadas beocias.
Nada le disminuía, sin embargo, y en época sin visible sacerdocio, era como sacerdote solitario de la nueva religión del tiempo y la vida.

Ramón Gómez de la Serna, Azorín, Buenos Aires, Losada, 1942.

[Allí mismo, esta cuasi greguería: "Azorín está siempre viendo ascender nubes y venir rebaños"]

5 comentarios:

Alberich el Negro dijo...

Uno de los escritores españoles más significativos, importantes e innovadores (como casi todos los del 98*). Totalmente incomprendido por cuestiones, me temo, poco relacionadas con la literatura propiamente dicha. Y en cuanto a esa manera de narrar, que tan chusca les parecía a algunos y que tanta burla producía, tenía una finalidad evidente: crear el efecto de que la acción se detenía, de que el tiempo no pasaba. Ya lo señaló Gonzalo Sobejano: nadie como Azorín ha sabido tratar en la literatura el motivo del "tiempo" (y de su transcurrir). Estoy completamente de acuerdo. Otra cosa, desde luego, sería por ejemplo su peregrina teoría sobre la Historia —influida por el concepto de "intrahistoria" desarrollado por Unamuno— aunque él lo entienda, más bien, como microhistoria o historia de los hechos cotidianos (vid. Vargas Llosa en su discurso de ingreso en la RAE, o el hermoso ensayo de Ortega, «Azorín, primores de lo vulgar»). Pero eso eran boutades que todo escritor debe inventarse para intentar ser original. ¿Existe algún escritor de pro que no haya pegado alguna vez una coz contra la Historia (vapuleada e incomprendida de todos)?

Saludos desde el Nibelheim.

* Por cierto: otro gallo nos cantaría si en España se leyera más a estos autores. Seguramente muchos de quienes padecen el virus del paletismo/nacionalismo que nos está gangrenando quedarían vacunados contra el mismo si as´`i lo hicieran. Pero no caerá esa breva.

Anónimo dijo...

¿Y para qué recordaba el blanco de las nubes ascendentes y lo churro o merino del rebaño que se acercaba?
Es muy comprensible, pero airoso, no sé, aire plúmbeo.

Anónimo dijo...

Ahora que lo escribes, recuerdo una parodia del estilo azoriniano: Jardiel Poncela remeda las maneras de Azorín al final de su Amor se escribe con h, en una especie de crítica, falsa, a su propio libro por parte de numerosos autores de la época. Poncela clavó la prosa de Azorín.
Además, aún tengo un comentario escrito a lápiz en el ejemplar de La voluntad que tuve que leer. Ahí reza, todavía, qué libro más coñazo.
Pero, cosas que tiene la gente, en los primeros escritos me vi imitando, sin quererlo, las descripciones, como de cámara lenta , de Azorín y sus inicios de frases con sus Yo...
¿Qué libro le gusta más de Azorín?

Enrique Baltanás dijo...

Mi libro favorito de Azorín es "El escritor": autorretrato del AZorín de la posguerra. Pero Azorín es más escritor de "páginas" que de libros. Y me encanta releerlo a trozos, a sorbos. Aunque creo que no será nunca un escritor de mayorías.

Anónimo dijo...

Vaya, señor Baltanás, parece que se ha ido usted de puente...