LA FRASE

"Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad."

Sir Arthur Conan Doyle

sábado, 15 de diciembre de 2007

Matar para dialogar

El objetivo supremo de la banda ha sido siempre el de obligar al Estado a dialogar.
Inasequible para ellos una victoria "militar" impensable (pues nunca serán un ejército, sino una partida de bandoleros, obligados a vivir escondidos en sus madrigueras), sus objetivos sólo pueden lograrse mediante una astuta y diabólica combinación de "negociación" y "presión", de entrismo e ilegalidad. Buscan nuestro desestimiento progresivo.
Y a la vista está que lo consiguen. Todos los presidentes -unos más que otros- han caído en esta trampa.
Lo que singulariza el caso Zapatero no es, pues, que haya caído en la trampa (que también), sino que él parece asumirlo como opción estratégica. Ha terminado por hacer suyo el discurso de ETA.
¿Por insolvencia intelectual? ¿Por adanismo político? No puede descartarse, pero es más lógico inclinarse por el cálculo político. Incapaz de lograr una mayoría suficiente, Zapatero ha optado por aliarse con separatistas y comunistas para aislar y erosionar al PP. En definitiva, para asegurarse una cómoda perduración en el poder, salvo que el PP consiga una improbable mayoría absoluta. Es decir, ha decidido aliarse con fuerzas que jamás cooperarán a la derrota total y efectiva de ETA, por la sencilla razón de que comparten buena parte de sus ideales. En cuanto a los métodos, se limitan a taparse la nariz y a lanzar condenaciones de boquilla.
Un diez por ciento de españoles (que es lo que sumarán todos estos partidillos juntos) bloquean la voluntad del noventa por ciento (PSOE+PP).
Y así estamos, un año más. Y van...

1 comentario:

Alberich el Negro dijo...

Querido amigo Baltánás:

Le auguro que si Rodríguez vuelve a salir elegido presidente del Gobierno España dejará de existir como la hemos conocido. Démosle tiempo al tiempo.

¿Y por qué ocurre esto? Apunta usted al hecho de que un diez por ciento de españoles —los seguidores de los partidos minoritarios que apoyan al PSOE— «bloquean la voluntad del noventa por ciento». Sin embargo, yo me inclino por hacer algo más extensiva la responsabilidad y la culpa, pues no llego a comprender cómo con lo que ha ocurrido en estos cuatro años todavía haya gente dispuesta a darle la mayoría a este nuevo PSOE postmoderno y paradigma del relativismo cultural e ideológico. ¿Sentimientos nacionalistas generalizados en la población española? ¿Compromiso ideológico que impide ver más allá del interés general de España? ¿Odio visceral a la derecha? ¿Cretinismo generalizado?

La respuesta se halla, a mi pesimista modo de ver, en el tipo de sociedad que se ha ido desarrollando en España (heredera directa de la Transición): una sociedad relativista (véase, si no, cuál ha sido la respuesta de la mayoría de la población ante el reciente descubrimiento de las clínicas abortistas), que sólo busca el “buen rollito” y no quiere complicaciones (vgr. alianza de civilizaciones), que rechaza el esfuerzo y descansa en engañosos principios de igualdad (resultados en la enseñanza y medidas adoptadas en materia educativa), que está dispuesta a dialogar, aunque no haya tema sobre el que hacerlo (relaciones con Chávez, con Marruecos, etc.), que no ve descabellado ni indigno entablar negociaciones con asesinos terroristas, etc. En resumen, una sociedad española que, como el Estado de las Autonomías, ha resultado ser un fracaso absoluto. Dos cánceres dañinos que se gestaron en nuestra, por otra parte, impecable Transición y que han ido creciendo a un ritmo vertiginoso en estos últimos tiempos.

Saludos (sombríos) desde el Nibelheim.

P. S.: ¿Es necesario puntualizar que el mundo avanza gracias a los críticos y pesimistas?