LA FRASE

"Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad."

Sir Arthur Conan Doyle

viernes, 1 de septiembre de 2006

¿Violencia de género o crimen pasional?


Un hombre dispara con una escopeta de caza a su mujer y a su hija, y después intenta suicidarse. Ocurrió en Osuna, provincia de Sevilla.

Según la Consejera de Igualdad y Bienestar Social, Micaela Navarro, la única solución para estas mujeres acosadas es ingresar en una casa de acogida. Y esto lo dice sin pestañear, después de que el gobierno haya aprobado a bombo y platillo una nueva ley de “violencia de género”. Curiosa solución que consiste en que la víctima se encierre y el verdugo ande suelto. Curiosa confesión de impotencia.

Quizás nos estamos equivocando en el diagnóstico, empezando por darle un nombre incorrecto a la patología. "Violencia de género".

Esto de la “violencia de género”, de la que los telediarios nos dan casi cada día el frío contador (“ya van treinta…, ya van cuarenta…, ya van cincuenta mujeres asesinadas en lo que va de año”) es lo que antiguamente, cuando se publicaba El Caso, que era tal vez el semanario más popular después del Marca, se llamaba “crimen pasional”.

Y es lo que es este fenómeno, en nada nuevo sino por la cantidad, en aumento continuo e incesante. Crímenes pasionales. Por el desbordamiento incontrolado de las pasiones.

¿No será que, efectivamente, cuando las pasiones se desatan, cuando carecen de todo freno, se llega también, por lógica implacable, hasta el asesinato?

La gente lo que ha hecho es tomarse al pie de la letra (y recordad, aunque este hombre fuera analfabeto, las ideas viajan por el aire) las prédicas de los sacerdotes de la Religión Oficial de la Modernidad (ROM): nada de represión, nefanda palabra, nada de autocontención, el YO antes que nada y sobre todo, el hedonismo como modelo de vida, el sexo como absoluto pero nada más que como sexo y como placer, el destierro de Dios ("Si Dios no existe, todo está permitido..."), la relativización de la familia, estirable, hinchable, dinamitable…

La pasión no debe tener freno, el bien y el mal no existen, y la pasión acaba por creérselo, y saca sus conclusiones.

Y luego esta manía de oponer varones y mujeres, como enemigos... enemigos iguales, cuando no lo son, pues el hombre siempre ha tenido el deber de proteger a la mujer. Ahora ya no debe protegerla su marido, sino la casa de acogida. Parece que el varón se ha liberado rápido de este deber.

El parricida de Osuna se lo dijo a uno de sus hijos, después de matar a su esposa y a una hija (embarazada de cuatro meses), y antes de descerrajarse un tiro en la cara: “Ahí tenéis vuestra herencia.” Sí, triste herencia la que los filósofos de la ROM –mientras peroran en la universidades de verano sobre la “violencia de género”— están dejando a todos nuestros hijos.

De una cosa podemos estar seguros: ni los políticos, ni los maestros (éstos, menos que nadie), ni los jueces, ni los policías resolverán este problema. En cuanto a las feministas, no harán más que agravarlo, a fuerza de malentenderlo y tergiversarlo.

Se trata de la moral, estúpidos.

[Coda: sé que en esta nota no abordo toda la complejidad del problema; me limito al punto que considero esencial; pero es cierto que habría mucho más que decir, mucho más que excavar bajo la superficie de los titulares.]

Otra visión del asunto en el blog de Javier Caraballo.

11 comentarios:

Mora-Fandos dijo...

De acuerdo con la llamada de atención que haces: nuestra herencia moderna hace que pensemos que con medidas físicas, precisas, técnicas, estamos solucionando el problema. Encarar un problema de un modo es resolverlo de ese modo. Y el hombre no es puro mecanismo biológico. No se resuelve este complejo problema con más funcionarios ni establecimientos ad hoc.
Otro problema de igual tratamiento es el del sida: la modernidad piensa que la solución es un artilugio físico de eficacia total, el preservativo. Así va Sudáfrica, donde, por ejemplo, el 60% del ejército está infectado, y donde más hincapié se hizo en el dichoso artilugio como la madre de todas las soluciones. En cambio, en Uganda se apostó por los valores tradicionales del país, y han rebajado considerablemente la pandemia. Pero el mal político y la mala prensa necesitan triunfos diarios, rápidos, reduccionistas para que quepan en la ya reducida cabeza de sus públicos.

Rocio Arana dijo...

Eres un valiente, y dentro del drama terrible me he reído por lo de ROM, ¿te lo has inventado tú?

E. G-Máiquez dijo...

Gran análisis, Enrique. Que además me gana por la mano, pues llevaba tiempo intentando verbalizar el asunto, viendo que no es lo mismo el que mata que el que después de hacerlo se suicida, etc. Tú has hecho, desde mi punto de vista, el análisis correcto. Gracias.

Enrique Baltanás dijo...

Sobre la ROM: se me ha ocurrido, sí, pero no sé si ya antes se le ha ocurrido a otros. No he consultado la bibliografía. En cualquier caso, no pienso patentarlo: totalmente free.
¿Valentía? No, es que me digo: de perdidos, al río.
Todo este asunto se desenfoca si se pretende resolver sólo con medidas legislativas o judiciales. Es un problema moral, consecuencia lógica de una sociedad que intenta por todos los medios dinamitar y desnaturalizar a la familia. Trastocar todos los valores.
En cuanto al Sida, sobre la enfermedad se ha construido un discurso político cuyo único enunciado es: "La culpa es de la Iglesia Católica". Pero, como muy bien apunta Mora Fandos, los datos de Uganda demuestran todo lo contrario.

gutiforever dijo...

Que la Ley contra la violencia de género es un absoluto fracaso,salvo para invidentes ideológicos,es obvio.
Mueren más mujeres que antes de su promulgación.
Coincido con Baltanás en que las razones son un cóctel que va desde la perdida absoluta de valores morales y religiosos,el relativismo,la "guerra" declarada por el feminismo de la cuota vaginal,y el óbito del concepto "amor/pareja" tan denostado por los progres.
Philip Doloitte,uno de los históricos del Partido Comunista francés,decia en un articulo en "Liberation",que la "enciclíca Deus Caritas Est deberia ser de obligada lectura para los jovenes,fueran de la confesión que fueran.para sus padres y para los politicos que nos rigen".
Esa absoluta falta de "respeto moral" por el semejante como dice Bulgert,es uno de los causantes de esta tragedia que nos asola.

Enrique Baltanás dijo...

Una cosa que a mí me llama muchísimo la atención es que los medios normalmente no profundizan en este tipo de noticias, se limitan a dar lo más superficial y macabro, adobado con cuatro tópicos. Quizás sea inevitable, pero...
En el caso que nos ocupa:
¿Qué hicieron los servicios sociales de Osuna?
¿Llamaron a consulta al marido?
¿Intentaron poner paz y concordia en el matrimonio, reconciliarlo? ¿Lo intentaron?
¿Cuál fue el papel de los hijos? ¿Qué hicieron, cómo se comportaron?
¿Cuándo empezaron las desavenencias y por qué?
¿Padecía el parricida alguna enfermedad mental? ¿Qué argumentos invocaba contra la esposa? ¿Por qué ese rencor contra los hijos?
¿Practicaban algún tipo de religióN?
Etc., Etc.
Las respuestas a estas y otras muchas preguntas, no las busquen en los periódicos. Y menos, en los telediarios.

Carlos RM dijo...

Un asunto tremendo éste, y muy complejo como dices. Por aportar algo, me parece que se ha trasmitido la idea de que estábamos casi en los estertores de un problema "de antes", fruto de una educación bla bla bla... Y resulta que sigue pasando (llevamos treinta año de felicidad democrática, ejem) y que sucede también con jóvenes, muy jóvenes. Las declaraciones de Micaela Navarro son escandalosas, de esas que no se puede permitir una política del PP. Ella sí.

canalsu dijo...

No es asunto de ROM, sino de RAM, la información tarda demasiado en llegar de la cabeza al corazón.

Mora-Fandos dijo...

Muy de acuerdo con gutiforever, y con lo que cuenta que dice Philip Doloitte: esa encíclica es una bomba atómica. Me parece que en esta marea de textos que es nuestra cultura, donde lo fundamental es la sabia discriminación, es fundamental dar la batalla de la visibilidad de los textos verdaderamente salvadores.

Ignacio dijo...

Pero vamos a ver (no doy crédito, la verdad): si toda la vida, lo que se dice toda la vida los maridos les han zurrado la badana impunemente a sus esposas (con la bendición social y eclesiástica en muchos casos, pero eso es lo de menos), si toda la vida, repito, se ha dado el fenómeno, ¿a qué viene atribuirlo a la Pérdida de Valores y el Malvado Relativismo Que Nos Invade?

Si en el mundo de antes, ese que algunos parecen echar tanto de menos, la religión imperaba en las almas y en las leyes y las mujeres recibían tantas o más hostias, ¿no parece lógico pensar que la religiosidad y sus valores tienen poco que ver con el asunto?

Lo que pasa con la ley y las campañas buenistas es que son perfectamente inútiles para frenar un fenómeno que seguramente, vista su constancia y contumacia, está en el núcleo de la condición humana (y para castigarlo ya valía con las leyes antiguas).

Pero pasar de esa crítica a la insustancialidad del gobierno a pretender que las muertes sean "consecuencia lógica de una sociedad que intenta por todos los medios dinamitar y desnaturalizar a la familia" me parece más producto de un subidón de incienso que de reflexión sosegada.

Enrique Baltanás dijo...

Reconozco, Ignacio, que lo del subidón de incienso me ha hecho reír un buen rato. Pero no hay tal Ignacio, no hay tal: que más quisiera yo que tener la cabeza llena de incienso, y no de azufre, que es lo que me bulle mayormente.
También estoy de acuerdo en que esto de zurrarle la badana a las mujeres es asunto viejo. Pero no de los maridos, sino de algunos pocos.
Lo que no creo es que los curas bendijeran esto. Que fueran a confesarse y el cura les dijese "no te preocupes, hijo, procura que la próxima no le dejes señales". Esto más bien el que lo dijo fue el imán de Fuengirola, como consta en las hemerotecas.
Lo que digo es que lo nuevo es, tal vez, la cantidad, en aumento. Y también, y repito de nuevo el tal vez, lo del suicidio posterior.
ESto se podrá atribuir a la crisis de valores o a lo que se quiera, pero no cabe duda de que es un fenómeno profundo, y que no se puede explicar mediante la fácil muletilla del "machismo".
Aquí hay un problema de fondo, a ver si descubrimos cuál.
Bueno, me voy a respirar un poquito de incienso.