LA FRASE

"Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad."

Sir Arthur Conan Doyle

viernes, 1 de julio de 2005

Foxá

Si fuese un pedantuelo al uso, un hipócrita cultural de los que tanto abundan en estos tiempos que vuelan, diría que estoy releyendo a Foxá. Pero, no, no lo estoy releyendo, sino leyéndolo. Leyéndolo por primera vez.
La poesía de Agustín de Foxá me la ha descubierto, y vuelto asequible, Abelardo Linares, en su nunca bien ponderada colección de antologías de Renacimiento. La selección es del propio Abelardo, aunque el prólogo, y la inclusión de algún poema, se deban a Luis Alberto de Cuenca.
Y por ahí, por el hilo de su poesía, he llegado al ovillo de un magnífico prosista, de un escritor de raza, cuya valía aún no ha sido reconocida como merece.
Madrid de corte a cheka es, sencillamente, una de las mejores novelas españolas del siglo XX y desde luego, de las mejores sobre la guerra fratricida del 36.
Ahora continúo con el teatro, empezando, por orden cronológico, con Cui-Ping-Sing, estrenada en San Sebastián en 1938.
Por curiosidad, o por deformación profesional, echo un vistazo a los manuales que tengo en casa, a ver qué dicen de Foxá. Muy poco, como era previsible. A Foxá no se le estudia, ni entra en el canon, como no sea en el canon de la letra pequeña. Parece que la única bibliografía sobre es algo de Joaquín Entrambasaguas y algo de José-Carlos Mainer. O sea, entre Scila y Caribdis. Mala suerte la de este Foxá, que se murió en un lejanísimo Madrid de 1959. Tenía cincuenta y tres años.

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