Huy, pues no que se me había olvidado de que tengo un blog...
Qué cabeza...
LA FRASE
"Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad."
Sir Arthur Conan Doyle
Sir Arthur Conan Doyle
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miércoles, 24 de julio de 2013
jueves, 22 de diciembre de 2011
EL PÚBLICO LEE... BLOGS
Te escribo para decirte que el reportaje que estuvimos grabando sobre los blogs y la colección Álogos se emitirá este Domingo día 25 de Diciembre. El programa empieza a partir de las 19.30 horas en Canal Sur 2.
Espero que te guste el resultado. Y muchas gracias de nuevo por tu colaboración.
domingo, 17 de julio de 2011
SOBRE LA PRIMERA CRISIS DE LOS BLOGS
No recuerdo dónde leí hace poco que el número de blogs, que hasta hace muy poco, aumentaba de modo exponencial, se había frenado considerablemente este último año. La causa: la creciente popularidad de las redes sociales.
En Twiter o en FaceBook, basta con una frase, una línea, ni siquiera eso, basta con una imagen o un enlace. Nada que ver con la, casi, siempre más dificultosa y arriesgada elaboración de una entrada. Porque una entrada puede ser un artículo, una página de un diario, una glosa, un microrrelato, un breve ensayo... Y eso, como se sabe, ya no está al alcance de cualquiera.
Así que los blogs se enfrentan a su primera crisis... de crecimiento.
Pero no de identidad ni de naturaleza. No sólo porque blogs y redes sociales pueden estar interconectados, y de hecho lo están, sino porque el blog, quizá ya no tan mayoritario, conserva aquello de lo que quizá carezcan las redes, es decir, un cierto aire de profesionalidad, de continuidad, de persistencia.
El blog, por otra parte, preserva la intimidad de su autor, su espacio personal, sin sumirlo en la corriente continua de las redes sociales, en la vorágine de sus constantes y cambiantes mensajes.
La verdad es que entran ganas de decir, ¡El blog ha muerto! ¡Viva el blog!
En Twiter o en FaceBook, basta con una frase, una línea, ni siquiera eso, basta con una imagen o un enlace. Nada que ver con la, casi, siempre más dificultosa y arriesgada elaboración de una entrada. Porque una entrada puede ser un artículo, una página de un diario, una glosa, un microrrelato, un breve ensayo... Y eso, como se sabe, ya no está al alcance de cualquiera.
Así que los blogs se enfrentan a su primera crisis... de crecimiento.
Pero no de identidad ni de naturaleza. No sólo porque blogs y redes sociales pueden estar interconectados, y de hecho lo están, sino porque el blog, quizá ya no tan mayoritario, conserva aquello de lo que quizá carezcan las redes, es decir, un cierto aire de profesionalidad, de continuidad, de persistencia.
El blog, por otra parte, preserva la intimidad de su autor, su espacio personal, sin sumirlo en la corriente continua de las redes sociales, en la vorágine de sus constantes y cambiantes mensajes.
La verdad es que entran ganas de decir, ¡El blog ha muerto! ¡Viva el blog!
domingo, 29 de mayo de 2011
DEL LIBRO AL BLOG
"Internet ha cambiado el modo de difundir la literatura." dice José Luis García Martín en su blog Crisis de papel. Para preguntarse a renglón seguido, y un tanto retóricamente: "¿Ha cambiado la literatura?"
Y, como era de esperar en toda pregunta retórica, la contestación era la esperable: "Al publicarse en libro, los blogs de escritores pierden lo único que les caracterizaba: el comentario de los lectores, la posibilidad de aclarar y puntualizar de inmediato aquello que se ha escrito. Se convierten en libros misceláneos, en libros como los demás."
Y, sí, traspasado al libro, al papel, el blog se convierte en un libro como los demás, aunque no necesariamente misceláneo. Pierde, no sólo los comentarios de los lectores, sino las ilustraciones, las músicas y películas en algún caso, los enlaces... Sí, un libro es un libro y un blog es un blog.
Ahora bien, ¿porque se publique un libro se extingue un blog? ¿Acaso el blog no sigue ahí, flotando en la blogosfera, actualizándose constantemente, ya de modo regular, ya de manera irregular? Y si el blog lleva al libro, ¿no podrá llevar a su vez el libro al blog? ¿No sentirá el lector la curiosidad de consultarlo para ver, ahí sí, las discusiones, las reacciones que ha suscitado, o que aún suscita, esta o aquella entrada?
Estamos tan acostumbrados al papel impreso, al objeto libro, que somos aún incapaces de captar que ha nacido un nuevo medio. Un medio que no es sólo el continente. Un medio que es también, en cierta medida, un contenido.
Y, como era de esperar en toda pregunta retórica, la contestación era la esperable: "Al publicarse en libro, los blogs de escritores pierden lo único que les caracterizaba: el comentario de los lectores, la posibilidad de aclarar y puntualizar de inmediato aquello que se ha escrito. Se convierten en libros misceláneos, en libros como los demás."
Y, sí, traspasado al libro, al papel, el blog se convierte en un libro como los demás, aunque no necesariamente misceláneo. Pierde, no sólo los comentarios de los lectores, sino las ilustraciones, las músicas y películas en algún caso, los enlaces... Sí, un libro es un libro y un blog es un blog.
Ahora bien, ¿porque se publique un libro se extingue un blog? ¿Acaso el blog no sigue ahí, flotando en la blogosfera, actualizándose constantemente, ya de modo regular, ya de manera irregular? Y si el blog lleva al libro, ¿no podrá llevar a su vez el libro al blog? ¿No sentirá el lector la curiosidad de consultarlo para ver, ahí sí, las discusiones, las reacciones que ha suscitado, o que aún suscita, esta o aquella entrada?
Estamos tan acostumbrados al papel impreso, al objeto libro, que somos aún incapaces de captar que ha nacido un nuevo medio. Un medio que no es sólo el continente. Un medio que es también, en cierta medida, un contenido.
lunes, 11 de octubre de 2010
EL COMENTARIO INATENDIDO
A veces, al acostarme, siento no sé qué remordimiento por no haber respondido, glosado, recomentado, agradecido los comentarios. Nada, ni mu. Y eso que es un foro que yo mismo he abierto, un debate que yo mismo he suscitado.
Pero como no me gusta llevarme los problemas a la cama, me digo "Mais, moi je n'ais pas le temps...!" (yo es que sueño en francés) y así me justifico y me duermo del todo.
A la noche siguiente vuelven los remordimientos. Hay cosas, y casos, como el mío, que no tienen remedio. Ni en francés ni en chino.
Pero como no me gusta llevarme los problemas a la cama, me digo "Mais, moi je n'ais pas le temps...!" (yo es que sueño en francés) y así me justifico y me duermo del todo.
A la noche siguiente vuelven los remordimientos. Hay cosas, y casos, como el mío, que no tienen remedio. Ni en francés ni en chino.
sábado, 24 de julio de 2010
OPERACIÓN BIKINI
Las entradas, en verano, se adelgazan, se adelgazan... para que se puedan leer bien en bañador. O en bikini.
domingo, 6 de junio de 2010
COMENTARIOS PÓSTUMOS (I)
Podemos llamar "comentarios póstumos" a aquellos que llegan nuevos a las entradas viejas. Ésas de las que ya no se acuerda el autor, que las cree pasadas. Que supongo ya no lee nadie. Al menos los visitantes más fieles, que van a lo del día.
Pero esas páginas estan ahí, en el cielo infinito de internet, y en cualquier momento pueden recibir un comentario.
Últimamente he recibido dos que me han llamado la atención. Empezaré por el menos póstumo, es decir, el más reciente.
En la entrada "Yo te enlazo si tú me enlazas", el joven poeta asturiano Adolfo González escribe lo siguiente:
"Yo no tengo enlazado a nadie. Antes tenía, pero los que se quedaban fuera y me conocían se hacían extrañas figuraciones, así que me dije: todos fuera, que aquí no caben más dioses (quiero decir, hombres) que yo mismo.
Otro caso parecido se dio cuando un poeta (aunque debería decir pueta) se enfadó conmigo por no mencionarle en el blog "las afinidades electivas" y poco tiempo después le pedí al administrador de ese blog que me quitase de ahí alegando "causas de fuerza mayor", pues me veía fuera de lugar compartiendo sitio con cierta gente como ese de cuyo nombre no quiero acordarme.
Por cierto, sé de tu existencia desde hace unos días porque he leído un libro tuyo y hoy te he dejado varios comentarios. No te diré nada acerca de ese libro -por una norma que me aplico desde hace poco tiempo- pero si estoy aquí es por algo positivo.
En mi blog no permito comentarios porque lo tengo como una muestra. Si se va a una exposición de un pintor, por ejemplo, se hace comentarios, pero no se dejan escritos debajo de los cuadros. Esa es un poco la idea. Pero se me puede escribir al correo."
No enlazar a nadie, no permitir comentarios... Adolfo González lo argumenta bien (no se dejan escritos debajo de los cuadros...), pero, ¿qué opináis vosotros, oh vecinos, oh transeúntes?
jueves, 22 de abril de 2010
DEL BLOG AL LIBRO, PERO NO ES LO MISMO
Últimamente, no es raro el caso de que el autor de un blog, o bitácora, si preferimos castellanizar el término y no meramente trasladarlo del inglés tal cual, pero esto, claro, va en gustos, no es raro, digo, que la bitácora digital se transforme en libro impreso, con su papel y sus cubiertas, y sin la dependencia de la pantalla del ordenador, como decimos en España, o de la computadora, como prefieren decir en Hispanoamérica, más cerca del computer anglosajón. Éste es el caso, aquí y ahora, de Joaquín Alegre, que nos presenta aquí una selección de aproximadamente una cincuentena de entradas de su blog, o bitácora, Majao público, desde el año 2007, en el que comparece en la blogosfera, hasta este 2009 en que se estrena como libro.
Uno ha dicho ya alguna vez que lo qué es un blog no puede definirse, más allá de su descripción, digamos, técnica, porque un blog es, o puede ser, cualquier cosa. Hay blogs de recetas de cocina como hay blogs de sesuda teología, blogs especializados, en cualquier cosa, lo que sea, economía, política, erotismo, cosmética, floristería…, y blogs generalistas, que nos hablan de cualquier cosa, o sea, de aquello que da el día. Incluso hay blogs que están pensados como libros futuros, es decir, que son como el borrador o el telar de lo que se cree o se proyecta que pueda ser un libro. O varios.
Cualquiera de estas opciones puede ser legítima, como legítimo es también el blog que no tenga más pretensión que la de quedarse… en blog. Que no sería poco, desde luego, habida cuenta de que los blogs, algunos por lo menos, o bastantes, mejor dicho, cuentan con muchos más lectores de los que pudieran tener, o soñar con tener, ay, la mayoría de los libros que se publican.
Cuando un blog pasa de la blogosfera a la imprenta, de la pantalla a la página, algo gana y algo pierde, o al revés, que también podría decirse. Pero, ¿qué es lo que gana y qué es lo que pierde?
Esto último, lo que pierde, parece que está bastante claro. Pierde espontaneidad, inmediatez y sobre todo, páseseme el palabro, interactividad . El lector del blog no es un lector callado y anónimo, del que no sabemos nada, como ocurre en los libros. Así es, sin embargo, en efecto, en algunos casos, cuando el autor no permite comentarios o el comentarista se presenta como anónimo o disfrazado de un mote de guerra literaria o blogosférica. Pero en la mayoría de las ocasiones, es o suele ser un lector parlanchín, que comenta, asiente, discrepa, se indigna, se entusiasma, matiza, aporta nuevos puntos de vista, a veces inusitados, a la cuestión propuesta por el autor del blog. Además, y esto sin duda, el blog que pasa a convertirse en libro pierde lectores. Entrar en un blog es fácil y, sobre todo, gratuito; comprarse un libro ya requiere algo que no todo el mundo está dispuesto a hacer, por lo que dicen las estadísticas, rascarse el bolsillo.
¿Y lo que gana? El prestigio de la letra impresa, se diría a bote pronto. Pero la letra impresa puede o no puede tener ese quizás sobrevalorado prestigio. Como los blogs, los libros son de variado pelaje: excelentes, buenos, regulares y horribles. Basta darse una vuelta por alguna librería para ver las mesas de novedades atiborradas de los best-sellers de turno que, salvo excepciones, suelen ser comida basura para pobres almas.
Uno cree mejor que lo que aporta el libro es precisamente lo que aporta el soporte libro, tal y como lo conocemos desde Gutemberg. Si el blog proporciona la inmediatez, el libro ofrece la permanencia. Si el blog es rápido, y urge el día a día, el libro se adapta al ritmo del lector, y hasta le permite ser relector, avanzar y retroceder, profundizar y confrontar. En el libro sucede todo más despacio, y ocurre más hondo.
Ventajas e inconvenientes, pros y contras. Pero también ventajas que pueden ser inconvenientes, pros que pueden volverse en contra. El blog es siempre un borrador, el libro es definitivo, por lo menos hasta donde la palabra definitivo alcanza un límite más o menos realista. En el blog siempre podremos corregir, suprimir, editar: el libro ya está editado, impreso, y definitivamente en manos del lector.
Ovejas y cabritos titula su libro Joaquín Alegre, que dice que es una selección de entradas de su blog Majao público. Pero que nadie se confunda: Ovejas y cabritos no es Majao público. Una cosa es el blog y otra el libro. En este caso, el libro resiste, y aun supera, la confrontación con el blog, con la bitácora. Una silva de varia lección nos espera en sus páginas, hiladas, eso sí, con el hilo de las preocupaciones más personales de su autor.
Abramos el libro. Leámoslo. Podemos detenernos aquí o allí. Releerlo. Meditarlo, porque no poca materia de meditación es la que se nos ofrece aquí. Y después de leerlo, cerrémoslo. Coloquémoslo en un estante de donde acaso lo tomaremos de nuevo en nuestras manos algún día. Pero, después de todo esto… abramos también, de nuevo, Majao público. Porque es algo de suyo to be continued.
(Prólogo a Ovejas y cabritos, de Joaquín Alegre Herrera, Ediciones de la Isla de Siltolá, colección Álogos, Sevilla, 2010)
Uno ha dicho ya alguna vez que lo qué es un blog no puede definirse, más allá de su descripción, digamos, técnica, porque un blog es, o puede ser, cualquier cosa. Hay blogs de recetas de cocina como hay blogs de sesuda teología, blogs especializados, en cualquier cosa, lo que sea, economía, política, erotismo, cosmética, floristería…, y blogs generalistas, que nos hablan de cualquier cosa, o sea, de aquello que da el día. Incluso hay blogs que están pensados como libros futuros, es decir, que son como el borrador o el telar de lo que se cree o se proyecta que pueda ser un libro. O varios.

Cualquiera de estas opciones puede ser legítima, como legítimo es también el blog que no tenga más pretensión que la de quedarse… en blog. Que no sería poco, desde luego, habida cuenta de que los blogs, algunos por lo menos, o bastantes, mejor dicho, cuentan con muchos más lectores de los que pudieran tener, o soñar con tener, ay, la mayoría de los libros que se publican.
Cuando un blog pasa de la blogosfera a la imprenta, de la pantalla a la página, algo gana y algo pierde, o al revés, que también podría decirse. Pero, ¿qué es lo que gana y qué es lo que pierde?
Esto último, lo que pierde, parece que está bastante claro. Pierde espontaneidad, inmediatez y sobre todo, páseseme el palabro, interactividad . El lector del blog no es un lector callado y anónimo, del que no sabemos nada, como ocurre en los libros. Así es, sin embargo, en efecto, en algunos casos, cuando el autor no permite comentarios o el comentarista se presenta como anónimo o disfrazado de un mote de guerra literaria o blogosférica. Pero en la mayoría de las ocasiones, es o suele ser un lector parlanchín, que comenta, asiente, discrepa, se indigna, se entusiasma, matiza, aporta nuevos puntos de vista, a veces inusitados, a la cuestión propuesta por el autor del blog. Además, y esto sin duda, el blog que pasa a convertirse en libro pierde lectores. Entrar en un blog es fácil y, sobre todo, gratuito; comprarse un libro ya requiere algo que no todo el mundo está dispuesto a hacer, por lo que dicen las estadísticas, rascarse el bolsillo.
¿Y lo que gana? El prestigio de la letra impresa, se diría a bote pronto. Pero la letra impresa puede o no puede tener ese quizás sobrevalorado prestigio. Como los blogs, los libros son de variado pelaje: excelentes, buenos, regulares y horribles. Basta darse una vuelta por alguna librería para ver las mesas de novedades atiborradas de los best-sellers de turno que, salvo excepciones, suelen ser comida basura para pobres almas.
Uno cree mejor que lo que aporta el libro es precisamente lo que aporta el soporte libro, tal y como lo conocemos desde Gutemberg. Si el blog proporciona la inmediatez, el libro ofrece la permanencia. Si el blog es rápido, y urge el día a día, el libro se adapta al ritmo del lector, y hasta le permite ser relector, avanzar y retroceder, profundizar y confrontar. En el libro sucede todo más despacio, y ocurre más hondo.
Ventajas e inconvenientes, pros y contras. Pero también ventajas que pueden ser inconvenientes, pros que pueden volverse en contra. El blog es siempre un borrador, el libro es definitivo, por lo menos hasta donde la palabra definitivo alcanza un límite más o menos realista. En el blog siempre podremos corregir, suprimir, editar: el libro ya está editado, impreso, y definitivamente en manos del lector.
Ovejas y cabritos titula su libro Joaquín Alegre, que dice que es una selección de entradas de su blog Majao público. Pero que nadie se confunda: Ovejas y cabritos no es Majao público. Una cosa es el blog y otra el libro. En este caso, el libro resiste, y aun supera, la confrontación con el blog, con la bitácora. Una silva de varia lección nos espera en sus páginas, hiladas, eso sí, con el hilo de las preocupaciones más personales de su autor.
Abramos el libro. Leámoslo. Podemos detenernos aquí o allí. Releerlo. Meditarlo, porque no poca materia de meditación es la que se nos ofrece aquí. Y después de leerlo, cerrémoslo. Coloquémoslo en un estante de donde acaso lo tomaremos de nuevo en nuestras manos algún día. Pero, después de todo esto… abramos también, de nuevo, Majao público. Porque es algo de suyo to be continued.
(Prólogo a Ovejas y cabritos, de Joaquín Alegre Herrera, Ediciones de la Isla de Siltolá, colección Álogos, Sevilla, 2010)
viernes, 18 de septiembre de 2009
lunes, 17 de agosto de 2009
Yo te enlazo si tú me enlazas...
... Pues, no. Por ejemplo, el poeta canario Bruno Mesa tiene enlazado mi blog en el suyo, Argumentos en busca de autor, pero yo no le tengo a él en el mío, y ni siquiera recuerdo haber puesto nunca ningún comentario en ninguna de sus entradas. Cierto es que lo leo, sí, pero a través de otro bloguero que sí que lo tiene enlazado.
Porque si uno tuviera que enlazar todos los blogs que visita....
Pero adonde voy: que esto de los blogs no es el botafumerio mutuo que muchos, o algunos, se imaginan.
Porque si uno tuviera que enlazar todos los blogs que visita....
Pero adonde voy: que esto de los blogs no es el botafumerio mutuo que muchos, o algunos, se imaginan.
sábado, 23 de mayo de 2009
El blog como taller
Hoy voy a hacer algo que no sé si contraviene las leyes, fueros y ordenanzas de la andante bloguería. Me voy a "traer" (¿robar?) del blog de Juan Antonio González Romano, Ah de la vida, una soleá que publicó hace unos días, y que es ésta (y a la que en adelante llamaremos versión A):
Fue tanto lo que te quise
que cuando vuelvo a besarte
me saben tus besos tristes.
Yo le puse un comentario en que le sugería que cambiase el segundo verso por este otro: "que ahora que ya no te quiero". Con lo cual, la soleá (versión B en adelante) quedaría:
Fue tanto lo que te quise
que ahora que ya no te quiero
me saben tus besos tristes.
Esta variante a algunos les pareció bien y a otros no tanto. La razón por la que propuse la variante es ésta: en la versión A no queda claro qué es lo que ha pasado, porque ya no la quiere (o le, porque del sexo no se habla), eso está claro, pero parece que sigue con ella (o con él) y en ese caso los besos, creo yo, no pueden ser tristes, sino odiosos y hasta repugnantes, si es que no hipócritas y fingidos.
Con la versión B conseguimos: que quede claro que ha habido una ruptura, que ya esos besos no se dan sino que se recuerdan o se sueñan, y que en ese recuerdo o sueño aparece el dolor y la nostalgia, quizá porque un amor verdadero ("fue tanto lo que te quise") no se olvida, y así contrabalanceamos ruptura y recuerdo.
Bueno. Juan Antonio decidirá por qué versión se decanta. Quede claro, de todas formas, que el poema es suyo y solamente suyo. A mí ha habido amigos que me han regalado alguna vez un verso, como yo mismo he regalado otros.
Y ahora voy al meollo de lo que me proponía plantear aquí hoy. (Quede, pues, la discusión sobre si A o B, o quizás C, en el blog de su legítimo dueño).
Es costumbre entre poetas, cuando terminan un libro, dárselo a leer a algún colega de su confianza, para que le señale posibles fallos de cualquier tipo y le comunique su impresión.
Pero el colega es normalemente una persona ocupada, a la que asaltamos en la jaula de su tiempo, abusando de su paciencia.
Alguna vez he defendido que una de las funciones del blog podría ser la de servir de borrador, o de taller, o de tubo de ensayo, de escrituras.
¿Y si en vez de atracar el tiempo de nuestros amigos, bien escaso (el tiempo, claro, pero también los amigos), colgáramos nuestros poemas en el blog para que los lectores, los que quisieran por supuesto, le dieran "un repaso"?
Conste que esto es una reflexión, no una amenaza, así que no tembléis.
[Nota de ambiente: mientras escribo esta entrada, están repicando las campanas de la Giralda. A ver si adivináis por qué]
Fue tanto lo que te quise
que cuando vuelvo a besarte
me saben tus besos tristes.
Yo le puse un comentario en que le sugería que cambiase el segundo verso por este otro: "que ahora que ya no te quiero". Con lo cual, la soleá (versión B en adelante) quedaría:
Fue tanto lo que te quise
que ahora que ya no te quiero
me saben tus besos tristes.
Esta variante a algunos les pareció bien y a otros no tanto. La razón por la que propuse la variante es ésta: en la versión A no queda claro qué es lo que ha pasado, porque ya no la quiere (o le, porque del sexo no se habla), eso está claro, pero parece que sigue con ella (o con él) y en ese caso los besos, creo yo, no pueden ser tristes, sino odiosos y hasta repugnantes, si es que no hipócritas y fingidos.
Con la versión B conseguimos: que quede claro que ha habido una ruptura, que ya esos besos no se dan sino que se recuerdan o se sueñan, y que en ese recuerdo o sueño aparece el dolor y la nostalgia, quizá porque un amor verdadero ("fue tanto lo que te quise") no se olvida, y así contrabalanceamos ruptura y recuerdo.
Bueno. Juan Antonio decidirá por qué versión se decanta. Quede claro, de todas formas, que el poema es suyo y solamente suyo. A mí ha habido amigos que me han regalado alguna vez un verso, como yo mismo he regalado otros.
Y ahora voy al meollo de lo que me proponía plantear aquí hoy. (Quede, pues, la discusión sobre si A o B, o quizás C, en el blog de su legítimo dueño).
Es costumbre entre poetas, cuando terminan un libro, dárselo a leer a algún colega de su confianza, para que le señale posibles fallos de cualquier tipo y le comunique su impresión.
Pero el colega es normalemente una persona ocupada, a la que asaltamos en la jaula de su tiempo, abusando de su paciencia.
Alguna vez he defendido que una de las funciones del blog podría ser la de servir de borrador, o de taller, o de tubo de ensayo, de escrituras.
¿Y si en vez de atracar el tiempo de nuestros amigos, bien escaso (el tiempo, claro, pero también los amigos), colgáramos nuestros poemas en el blog para que los lectores, los que quisieran por supuesto, le dieran "un repaso"?
Conste que esto es una reflexión, no una amenaza, así que no tembléis.
[Nota de ambiente: mientras escribo esta entrada, están repicando las campanas de la Giralda. A ver si adivináis por qué]
lunes, 11 de mayo de 2009
El tamaño sí importa
Supongamos que el director de un periódico le encarga a usted una columna semanal, y que usted acepta. ¿Cuándo empezamos? La semana que viene. Y a la semana siguiente se presenta usted con un artículo... de diez páginas. Imagínese la cara del director, y cuántos segundos tardaría en comprender que se había equivocado de hombre.
En un blog no hay apenas limitación de espacio, ni hay directores ni jefes de redacción. Volamos sin paracaídas. En lo que sí hay limitación es en la paciencia del lector, en su capacidad de atención. El lector de blogs es un lector apresurado, que lee en pantalla, que ojea más que hojea.
Por eso creo que una entrada de blog debe ser breve. Como primera providencia, eso, breve.
Ahora, ¿cuánto de breve? Aquí ocurre como ocurre con los cuentos, las novelas o los poemas. Que depende. De su calidad, naturalmente: de su interés, de su interés para el lector. Ochocientas páginas pueden parecernos pocas; cincuenta, demasiadas.
Nadie nos va a decir aquí, desde luego, cuántos caracteres se nos admiten. Pero, si escribimos para que nos lean, y no se me alcanza para qué otra cosa se pueda querer mantener un blog, bueno será que pensemos en los que nos leen o pudieran leernos. Más largo o más corto, sin cifra fija, pero el texto siempre embridado, bajo control, como los perros peligrosos.
Y es que en el blog, la cantidad es cuestión de... calidad. Vamos, en el blog como en todo.
En un blog no hay apenas limitación de espacio, ni hay directores ni jefes de redacción. Volamos sin paracaídas. En lo que sí hay limitación es en la paciencia del lector, en su capacidad de atención. El lector de blogs es un lector apresurado, que lee en pantalla, que ojea más que hojea.
Por eso creo que una entrada de blog debe ser breve. Como primera providencia, eso, breve.
Ahora, ¿cuánto de breve? Aquí ocurre como ocurre con los cuentos, las novelas o los poemas. Que depende. De su calidad, naturalmente: de su interés, de su interés para el lector. Ochocientas páginas pueden parecernos pocas; cincuenta, demasiadas.
Nadie nos va a decir aquí, desde luego, cuántos caracteres se nos admiten. Pero, si escribimos para que nos lean, y no se me alcanza para qué otra cosa se pueda querer mantener un blog, bueno será que pensemos en los que nos leen o pudieran leernos. Más largo o más corto, sin cifra fija, pero el texto siempre embridado, bajo control, como los perros peligrosos.
Y es que en el blog, la cantidad es cuestión de... calidad. Vamos, en el blog como en todo.
sábado, 2 de mayo de 2009
La magia de los números
El contador de visitantes que hay en la parte inferior de esta bitácora acaba de marcar una cifra redonda: 150.000. Ese contador lo puse algo después de haber abierto el blog, así que no se trata de un número exacto; tampoco sé muy bien lo que implica esa diferencia entre "páginas vistas" y "visitantes únicos", ni me importa gran cosa.
No me interesa la estadística sino la magia del número. Y no porque crea que aniversarios, centenarios, cincuentenarios... signifiquen algo por sí mismos. Son, como sabe Vila-Matas, tan sólo un pretexto (¿quizá por eso que publicara "Para acabar con los números redondos" en la editorial de los pretextos?) y a veces una paliza y una pesadez.
Pero, a lo que vamos: aquí la magia no se encuentra en el número, sino en vosotros, pacientes lectores, callados o parlantes, habituales o esporádicos, concordes o discrepantes, faltones o cortesanos... de aquí y de acullá.
Pues esa magia es la que hoy quería celebrar y, sobre todo, agradecer. Porque sin este diálogo, aunque sea sin palabras, ¿existiría algo? No esto ni aquello, nada. Y menos que nada, esta bitácora.
(Por cierto, y hablando de números, y aunque sé que no me lee porque no he conseguido aún que se enganche al internet, hoy cumple mi padre sus primeros ochenta y seis años de vida: felicidades, papá).
No me interesa la estadística sino la magia del número. Y no porque crea que aniversarios, centenarios, cincuentenarios... signifiquen algo por sí mismos. Son, como sabe Vila-Matas, tan sólo un pretexto (¿quizá por eso que publicara "Para acabar con los números redondos" en la editorial de los pretextos?) y a veces una paliza y una pesadez.
Pero, a lo que vamos: aquí la magia no se encuentra en el número, sino en vosotros, pacientes lectores, callados o parlantes, habituales o esporádicos, concordes o discrepantes, faltones o cortesanos... de aquí y de acullá.
Pues esa magia es la que hoy quería celebrar y, sobre todo, agradecer. Porque sin este diálogo, aunque sea sin palabras, ¿existiría algo? No esto ni aquello, nada. Y menos que nada, esta bitácora.
(Por cierto, y hablando de números, y aunque sé que no me lee porque no he conseguido aún que se enganche al internet, hoy cumple mi padre sus primeros ochenta y seis años de vida: felicidades, papá).
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