LA FRASE

"Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad."

Sir Arthur Conan Doyle
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viernes, 11 de julio de 2008

La energía potencial

"En el socialismo y en el comunismo está almacenada la energía potencial del futuro próximo."

¿A quién pertenecen estas palabras? ¿A Largo Caballero? ¿A Andrés Nin? ¿A Enrique Líster? ¿A la Pasionaria? ¿A Max Aub? ¿A Rafael Alberti?

No: a Ramón Pérez de Ayala.

Las cita Andrés Amorós en el prólogo de su edición de Tigre Juan y El curandero de su honra (Madrid, Castalia, 1980).

Supongo que esas palabras son anteriores a 1936, pero no demasiado.

Si las copio aquí es por poner otro ejemplo de la enorme fascinación que la idea del socialismo ejerció sobre nuestros intelectuales (Unamuno, Ortega... pero también Chesterton o Péguy...).

Y de esa energía potencial, ¿qué se fizo? Ésa es otra historia.

viernes, 24 de junio de 2005

Una vida inmortal

Como Max Aub, también Jean Paul Sartre creía que se escribe para quedar:
"La vida no acaba. Después de la muerte sobrevivo en mis libros. Es una
vida inmortal. La verdadera vida en la que no es necesario poseer un cuerpo y
una conciencia, pero en la que uno revela hechos." (Cartas al Castor)

No era el primero, ni sería el último. Los ejemplos de esta creencia en que la gloria literaria produce una suerte de inmortalidad podrían multiplicarse.

"Me pesa la vida, me canso de vivir y tengo miedo de morirme -le confiesa don Juan Valera a Gumersindo Laverde en una de sus cartas-. Creo que he consumido inútilmente mi vida y siento vehemente deseo de hacer algo antes de morir. Contento moriría yo si dejase un libro siquiera; algo que me satisfaciese y por donde yo pueda pensar, sin mucho amor propio, que no todo yo moriría: algo, sobre todo, que valiese la pena de haber vivido."

Y a otro corresponsal -Alcalá-Galiano- le cuenta que se propone seguir escribiendo "a ver si logro no morir del todo."

Pero la muerte es un hecho absoluto. No es posible morirse un poco, como no es posible estar un poco embarazada. Sobre los muertos los que deciden son los vivos. Son los vivos los que guardan la memoria de los muertos, si es que la guardan, los que aprecian su obra, si es que la aprecian.

Para el creyente, todos los hombres, desde el ilustre artista o el encumbrado político hasta el humilde labrador o el anónimo oficinista, tienen garantizada la inmortalidad. El alma no muere, aunque haya sido un alma ágrafa.

Para el ateo, que sólo cuenta con este mundo, lo que importa es quedarse en él de algún modo, aunque sólo sea en rótulo de calle o en papel impreso. Que alguien hable de nosotros cuando hayamos muerto.

A ambos les une el deseo de no pasar del todo, de quedar, de permanecer, de no ser sólo carne mortal, perecedera.

miércoles, 25 de mayo de 2005

La eternidad según Max Aub

Dice Max Aub en sus diarios: «... se escribe para quedar y, si no se consigue, nada tiene sentido.» «Podría vivir con sólo vivir. Sin embargo escribo, paso la vida pensando cómo, qué escribir para quedar. Si lo hago mal —como tantas veces lo supongo, por las razones que sean—, fracaso, como el que cree en Dios y se encuentra, el día de mañana, con la nada; es decir, no se encuentra.» (Nuevos diarios inéditos (1939-1972)
Y Manuel Aznar Soler, su editor y prologuista, apostilla: «Max Aub es un escritor que, como él quería, sigue vivo hoy a través de sus libros (ahí están sus Obras completas en curso de edición) y no es arriesgado afirmar que la “inmensa minoría” de lectores maxaubianos va a seguir creciendo, de una manera lenta pero irreversible, durante este siglo XXI.»
No soy tan optimista como Manuel Aznar, pero incluso concediendo que los lectores de Aub vayan a seguir creciendo, me parece escaso consuelo. ¿De qué le sirven a Miguel de Cervantes sus millones de lectores (seamos generosos en el cálculo) de hoy? ¿Los estará observando gozosamente desde el Cielo, si es que allí se gozan con tales mundanidades? ¿O simplemente Cervantes existió y dejó de existir y a sus huesos ya no les importa nada de nada la lista de los libros más vendidos?
¿Escribir para quedar? Absurdo empeño, porque aquí quedar no se queda nadie. Queda la obra, si acaso, y en el mejor de los casos, pero la obra no es el hombre.
Yo escribo para razonar, para dialogar (con los otros y con el mundo), para poner en claro los pensamientos confusos, para pulir los sentimientos brutos, para disfrutar del trabajo bien hecho, para que me quieran (que decía Gabo), para ganar unas monedas, para... cualquier otra cosa menos para quedar.
La eternidad la busco en otro sitio.