LA FRASE

"Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad."

Sir Arthur Conan Doyle

miércoles, 19 de julio de 2006

La obra de un malvado moderno

Si Vds. pinchan en el enlace "Universidad de Sevilla", lo que les saldrá es la portada del diario "El País"; si lo hacen en "Un vistazo a la prensa", que debía remitir a "Periodista Digital", lo que les saldrá es la portada del diario "El País".
Supongo que se trata de un gusano o troyano o malvado, que yo no entiendo nada de informática, pero sí de intenciones.
Quiero pensar que PRISA es ajena a todo esto.
De momento no sé cómo arreglarlo, porque soy profano en lides informáticas.
Se ve que el mal no duerme, no descansa, no tiene sosiego. Que el mal muta y se aprovecha de todo.
Y no país, país, sino mundo, mundo.

martes, 18 de julio de 2006

Primavera de Chesterton

Después de décadas fuera de ellos, Chesterton inunda los escaparates y copa los anuncios de novedades en los catálogos de las editoriales. Vuelve Chesterton. Estupendo, pero, ¿por qué?
Sencillamente, porque sus derechos de autor han decaído, una vez transcurridos los convenientes años de su fallecimiento.
¿Sólo por eso? No; es porque, además de barato, también es bueno y bonito.

18 de julio

Hoy, 18 de julio, no dejen de pasarse por el Ducado de Villamarina. Tienen asegurada una sonrisa, si es que no una carcajada a mandíbula batiente.
Un quiebro torero en la misma testuz bicorne del desmemoriado morlaco memorioso.

domingo, 16 de julio de 2006

¿Tienen ventanas las mónadas?

Pronto hará dos años que puse en órbita esta bitácora, por experimentar, por probar con las nuevas tecnologías, que se dice, más que nada. Dos años son muchos años. Es hora de meditar sobre el género. Sin mucho rigor ni sistema, porque esta es la hora en que yo no sé a punto fijo qué es una bitácora, ni creo que haya nadie que lo sepa. Definiciones hay varias; ahora, que definan lo definido, eso ya es otro cantar. Para la teórica y la sistemática, véase lo que dice José Luis Orihuela, todo un experto en el asunto.
Aquí, ya digo, la cosa tendrá que ir sin sistema y sin teoría. A base de observaciones empíricas. De presentimientos y corazonadas.
Momentos de desánimo hay muchos. Y tentación de abandonar. De hecho, una gran mayoría de blogueros se aburren al poco tiempo y abandonan. A mí me salvó de la inminente deserción un cariñoso coscorrón de Enrique García-Máiquez, que me picó en el amor propio, o casi. ¡Conque había alguien que me leía, y hasta quería seguirme leyendo! Asombroso.
Así que no sólo seguí, sino que lo hice con renovados bríos. Digo renovados, no abundantes, ni juveniles, o sea, con más voz que carne, que diría Lope.
Yo el problema principal que encuentro a esto es el del tiempo. Hay que disponer de mucho tiempo, de un tiempo que a mí me escasea más que el agua en el desierto. Pero al fin he decidido creerme mi propio lema voluntarista (ay, sí, voluntarista): "Sólo las personas ocupadas encuentran tiempo para todo". Sobre todo, ahora que estamos medio de vacaciones. Porque uno, para no hacer mudanza en la costumbre, sólo disfruta de vacaciones "a tiempo parcial".
Dudas y dilemas: que si las entradas deben ser largas o cortas, que si el blog debe ser monográfico o pluritemático, que si conviene tener uno principal y otros accesorios... Ya veremos, dijo el ciego...
De momento, he introducido cambios y mejoras: nuevos enlaces, un contador de visitas, ¡anuncios! (también para probar...), y próximamente, quizás nueva plantilla.
Pero, ¿qué gana uno con un blog? Pues... salir con amigos, sin necesidad de quedar, ni riesgo de tomar copas, ni efectos secundarios en forma de resaca...
Decía Leibniz que las mónadas no tienen ventanas. En cambio, Julián Marías opinaba que sí. Por esta vez, me quedó con el español.
¿No serán estas bitácoras amplios ventanales abiertos de nuestras mónadas inciertas y errabundas?
Como aquellos balcones de antes, en los que la gente se hablaba con los vecinos, de balcón a balcón, sin salir de casa. Sin salir de casa, hoy tenemos a nuestra disposición millares de balcones abiertos.
Hasta luego, vecinos.

sábado, 15 de julio de 2006

Voluntaristas y voluntarios

En una entrada reciente de su blog "Leer y Mirar" (véase el enlace a mano derecha), Mora Fandos hace una preciosa distinción entre "voluntaristas" y "voluntarios".
Me permito ahondar algo más, y por mi cuenta y riesgo, en esa preciosa distinción.
Voluntaristas son los que quieren cambiar el mundo (o España, o Cataluña, o el matrimonio...) para que no lo conozca ni la madre que lo parió.
Voluntarios son los que saben que el mundo no se puede cambiar, sino sólo mejorar. Y se aprestan a ello. No sea que empeore, que también puede ser.
Voluntaristas son los que creen en el uso alternativo del Derecho, versión neomarxista del refrán "quien hace la ley hace la trampa". La ley es de plastilina y los jueces deben acomodarse a la coyuntura histórica, o sea, a los intereses del gobierno o a las presiones de los lobbys.
Voluntarios son los que creen en el derecho natural por encima, y por debajo, del derecho positivo.
Los voluntaristas son los que afirman que el hombre no tiene naturaleza, sino historia.
Los voluntarios ven que la historia se repite, porque el hombre no tiene historia (acaso cronología) sino naturaleza. Su naturaleza.
El Día del Juicio Final, Dios les dará explicaciones, y se las pedirá, a los voluntaristas.
Los voluntarios, como no necesitarán de explicaciones, se encargarán de ayudar a encauzar el tráfico de almas.

La crisis, vista desde Israel

Para compensar un poco la predominante opinión en España. Para informarse de los argumentos israelíes.

viernes, 14 de julio de 2006

El Vaticano, Israel y los terroristas de la yihad

Copio de la agencia Reuters:

El Vaticano lamentó profundamente el viernes las agresiones de Israel contra el Líbano, diciendo que eran "un ataque" contra un país libre y soberano.

El Secretario de Estado del Vaticano, cardenal Angelo Sodano, dijo que el Papa Benedicto XVI y sus colaboradores estaban preocupados de que los hechos en Oriente Medio puedan derivar en "un conflicto de repercusiones internacionales."

"En particular, la Santa Sede lamenta profundamente el ataque contra el Líbano, un país libre y soberano y reitera su cercanía con este pueblo que ya ha sufrido mucho para defender su independencia," dijo Sodano a la Radio Vaticano.

Mientras cientos de cohetes Katiuskas caen sobre las ciudades del norte de Israel (aunque las televisiones españolas nunca den imágenes), mientras tres de sus soldados permanecen secuestrados y en peligro de muerte, mientras ahora como siempre la existencia de Israel está amenazada, como una isla en medio del mar islamista (y terrorista), el cardenal Sodano, como si fuese un Javier Solana o un Moratinos cualquiera, declara que Israel debe "moderarse" y no perseguir a las milicias de Hizbolá hasta sus madrigueras en el Líbano. Por lo visto, Israel es el único Estado del mundo que no tiene derecho a defender su seguridad, su paz, incluso su misma existencia como Estado inependiente.

La única democracia de Oriente Medio no tiene derecho a defenderse, según el Vaticano. Bueno, sí tiene, pero poco. ¿Debería rendirse a los terroristas al estilo zetaperil? Una de negociación sin precio político, marchando.

Yo, que creo cuanto la Santa Madre Iglesia manda creer, y que jamás se equivoca en materia de fe, no puedo creer que el cardenal Somalo sea un buen diplomático. O no, justamente lo que creo es eso, sí, que se trata de un buen diplomático. En plena sintonía con Moratinos, con Solana... y hasta con Bush, que también matiza y tiene sus reservas , el hombre.

(Por cierto, me alegro de coincidir con Pilar Rahola. en su artículo "La culpa de Israel").

Razones y sinrazones

En una de las últimas anotaciones en su blogg, el poeta Álvaro Valverde encuentra estas muy interesantes


Siete razones y alguna sinrazón para escribir poesía

Para Isabel Sánchez, que me llevó allí


1.- VOCACIÓN
d
ecía el poeta valenciano César Simón que "la poesía es, antes que nada, un carácter", que "existe como una forma de vida". Unas palabras de su paisano y amigo Francisco Brines podrían complementar esa afirmación de estilo cernudiano: "El poeta sólo existe cuando escribe, y en los restantes momento es sólo el hombre que es". Por eso, nada más triste que ir “de poeta” por ahí. Uno no puede por menos que reconocer que entiende la poesía como una vocación y que su ejercicio tiene, en consecuencia, un componente de necesidad. Eso a sabiendas de que sopla cuando quiere.

2.- MÉTODO DE CONOCIMIENTO
No sé si el poeta nace o se hace, si la ciencia acabará demostrando que quienes escribimos poesía tenemos un determinado gen que nos impulsa a ello, lo que sí sé es que hace tiempo que la uso como método de conocimiento de mí mismo y del mundo.
Como José Ángel Valente, pienso que el poeta se constituye en torno a dos reinos: el de la memoria (la poesía busca ser memorable) y el de la visión (que prefiero denominar “de la mirada”). Si algo caracteriza al poeta es su capacidad para recordar (Wordsworth habló de la poesía como “emoción evocada desde la tranquilidad”) y su don de observación, ese estar atento siempre y en todo lugar que acaso le distingue del resto de sus congéneres.

3.- INMEDIATEZ
En dos sentidos. De un parte por su facultad para decir más con menos. Su economía verbal, su laconismo, su concentración, su cercanía incluso al silencio son virtudes que no poseen otros géneros literarios ni otras expresiones artísticas. Quitándole cualquier matiz ofensivo, bien podría hablarse de la pobreza como una de las bondades de la poesía.
De otra, por la rapidez con que llega al lector. En una sociedad global dominada por la prisa, ningún medio mejor para llegar al corazón y a la cabeza del hombre y de la mujer que leen.
Esa inmediatez no sólo busca la mayor exactitud sino, además, la máxima excelencia. No se puede olvidar que, por encima de todo, la poesía es lenguaje.
Un lenguaje no utilitarista o instrumental.

4.- CONSUELO
Relacionado con lo anterior, en todas las catástrofes –y hemos vivido en los últimos años algunas enormes- la primera reacción para mitigar el dolor es acudir a la poesía. Eso ocurrió en el atentado terrorista del 11 de marzo en Madrid pero también cuando este país clamó en contra de la injusta guerra de Irak.
Pero no sólo recurrimos a ella en medio de las calamidades colectivas, también lo hacemos dentro de nuestra propia soledad. Antes que nadie, el poeta.
Porque hay un temor que supera a cualquier otro, Gamoneda ha dado en el clavo al afirmar que “la poesía existe porque existe la muerte”. Eliot lo dijo de otra manera: “Todo poema es un epitafio”.
La poesía, en fin, es un trasunto de la serenitas humanista.

5.- LECTURA
Me considero, ante todo, un lector de poesía. Podría decir, incluso que la condición natural para mí es leerla antes que escribirla o, lo que es lo mismo, que sólo para ese fin puede que la escriba. Como a Jaime Gil de Biedma, la mención de la palabra "poesía" evoca en mí la imagen "no de un hombre escribiendo un poema, sino la de un hombre ‑yo‑ leyendo un poema". Digo, con Borges: "Que otros se jacten de las páginas que han escrito, / que a mí me enorgullecen las que he leído". Como él, también he imaginado el paraíso bajo la forma infinita de una biblioteca.
Recuerdo el verso de José Emilio Pacheco: "No leemos a otros, nos leemos en ellos". Ese me parece el sentido y la dirección del acto poético. El poeta se convierte en poco más que privilegiado primer lector de sus versos.

6.- POESÍA VERSUS PROSA
Aunque no sólo he escrito poesía, me gustaría que se me considerara, antes que nada, poeta. Ya se dijo: por vocación, es lo que he querido ser. Como Rosa Chacel, cuando escribí mis dos novelas. "decidí encerrar en la novela la poesía.". Eso es todo.
Todos mis libros remiten a un lugar común: un mundo propio, sí, pero habitable para mis lectores.
La misma precisión y claridad que busco para mis poemas es la que pretendo para mi prosa.
Mucho antes de que se me ocurriera escribir una novela, Octavio Paz dijo de uno de mis libros que “encerraba un argumento novelesco”. Lo que entonces me sorprendió, al cabo del tiempo me parece una lectura singular de un lector extraordinario.
En última (y en primera) instancia, uno escribe por necesidad y dice lo que tiene que decir del mejor modo en que pueda expresarlo. Más allá de los géneros.

7.- LA BENDICIÓN DE BABEL
La poesía es un hecho universal que no distingue fronteras ni separa culturas, al contrario. Está ahí, casi desde el principio de los tiempos, unida a la música (George Steiner la ha definido como “música del pensamiento”). La suya es una tradición de tradiciones.
Alguien ha dicho que es lo que queda después de la traducción. Paradójicamente, un poema es, en rigor, intraducible. Con todo, la poesía está por encima de los idiomas. Vence la resistencia de la palabra exacta y única. Precisamente Steiner se ha referido a la mezcla de lenguas que enriquece el mundo como la “bendición de Babel” y no como el bíblico castigo divino.

Y ALGUNA SINRAZÓN
La poesía es, en sí misma, una sinrazón. Para la inmensa mayoría, carece, como se dijo, de sentido práctico.
Habita desde hace demasiado tiempo “en las catacumbas, en el subsuelo de nuestra sociedad” (Paz dixit), ajena al público (no a los lectores, la “inmensa minoría” juanramoniana).
La prueba de fuego de su ínfimo precio (no hablamos, ay, de valor) es que está fuera del mercado, lo que, de paso, la preserva de la vulgaridad y el descrédito en el que ha caído la novela, sujeta, ésta sí, a los vaivenes comerciales y las cuentas de resultados. Según Enzensberger, eso la hace “incorruptible”.
Marianne Moore resume a la perfección lo que uno piensa acerca de esta sinrazón que denominamos poesía:

A mí tampoco me gusta; hay cosas más importantes que toda esta alharaca.
Al leerla, empero, con total desprecio, uno descubre en
ella, después de todo, un lugar para lo genuino.

jueves, 13 de julio de 2006

Los placeres melancólicos

La gran poesía de este tiempo no sabemos cuál será. Lo averiguarán, si acaso, nuestros nietos o biznietos. La gran poesía se va decantando lentamente, en silencio, a través de las generaciones.
Mientras tanto uno se contenta con lecturas agradables, agradecidas, que no sabemos si quedarán o no quedarán (¡hay tantos versos polvorientos en las viejas bibliotecas provinciales!), pero que al menos por el momento se dejan leer muy bien, con gusto, con reflexión, con inteligencia. Hace poco eran la Reunión de José Mateos o la Tierra alta de Antonio Moreno. Ahora llega a mis manos Los placeres meláncólicos, de Juan Peña:

Sabes que no es posible
apurar de este día
hasta la última gota.

Por más que te propongas
habrás de lamentar
la sed que no calmaste.

Será la vida el agua
que mojaba tus labios
al tiempo que escapaba entre tus dedos.

Quién sabe lo que será la gran poesía. Pero la buena poesía suena como suenan los versos de Juan Peña.

martes, 4 de julio de 2006

Una manía mía

Supongo que todo el mundo sufre de alguna manía, en mayor o menor grado, y sin por ello tener que alcanzar la alta graduación de maniático. Yo tengo una manía, que no creo que sea cosa grave, al menos de momento. Para terapizarme y exorcizarla, a ver si me libro ella, paso a exponerla.

Yo tengo la manía de que la gente ande por la calle como Dios manda. O si no queremos meter a Dios en estas nimiedades, como la buena crianza ordena o por lo menos recomienda. En estas ciudades de calles estrechas, por lo menos, la primera regla es caminar por la acera de nuestra derecha. O, si damos en caminar por la izquierda, ceder el paso a los que van por su derecha.

Pero ahí no queda la cosa. ¿No han notado ustedes que la gente que sale de un portal o de un establecimiento se echa a la calle sin miramiento alguno, atropellando al que camina por la calle? Nadie cede el paso al que lo lleva con preferencia.

Otra cuestión son los grupos. De turistas o de escolares, tanto da. En otros tiempos, los grupos circulaban en filas y con orden, que es como deben andar los grupos. Ya no. Ahora vas por la calle y te arrollan los rebaños de adolescentes o de japoneses que siguen dócilmente a su pastor, que poca cuenta echa de ellos ni de las molestias que originan.

Cuando padezco estas incomodidades y atropellos, que es casi a diario, me doy a pensar que esto no es sino un síntoma, insignificante si se quiere, de un mal social mucho mayor. El de la pérdida de la urbanidad, concepto gangrenado y a punto de amputación. Entonces me encolerizo por dentro, me reconcomo y me siento la sangre refrita. Pero pronto reconozco que esto no es más que una manía, la manía de un viejo señor anacrónico y patético.

Bueno, después de haber escrito este apunte, creo que ya estoy casi curado. Aunque yo siga andando por mi derecha, que es lo ortodoxo.