
[Otoño, de Camille Pissarro, 1876]
La palabra soledad reclama un adjetivo, al menos.
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Las hojas caídas del otoño sólo me inspiran silencio.
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Sin el Ser, la Nada no sería nada.
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Hacia el final de sus días, se dio cuenta de que había escrito una interesante, y a ratos inquietante, novela. Sólo que con tinta invisible y en papel biodegradable.
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La música es la jardinería del sonido.
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La verdad es un espejo que no refleja exactamente lo que tiene delante.
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El verdadero lector padece una bulimia compulsiva. Nunca, verdaderamente, habrá saciado su hambre.
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El amor, lo mismo nos puede abrazar con sus dulces lazos que aprisionarnos con sus férreas cadenas.
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¿Dios? Es un silencio que se oye en todas partes.
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A la estupidez sólo se la combate con el humor, esa forma caritativa de la inteligencia.
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Deus absconditus. Dios se oculta para que le veamos mejor.
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Los libros y artículos de crítica literaria tienen no sé qué de papeles de una testamentaría.
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Un secreto no es sino una información que nos llega con retraso.
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Lo que el enigma esconde, a fin de cuentas, tampoco importa demasiado.
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El misterio es una luz tan cegadora, que nos deslumbra de por vida.