Me sorprendió gratamente que en el homenaje a Antonio Machado celebrado en Zafra el pasado día 14, la concejala de Cultura (socialista) leyese un poema sobre don Antonio ¡de Aquilino Duque! Luego me lo expliqué. La concejala era profesora de Literatura. Es la que está a la izquierda de la imagen (o sea, en la derecha de la mesa). Están también la Vicepresidenta de la Diputación de Badajoz, el historiador José María Lama y servidor. En el 2009 se cumplirán los setenta años de la muerte del poeta. Por cierto, hoy entra oficialmente la primavera. Hoy, Viernes Santo.
Addenda: sobre Aquilino Duque y el acto de Zafra, véanse ahora más detalles en el blog de José María Lama.
Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo y algunos, en el peor de los casos, a intentar transformarlo. Lo que hace falta ahora, de nuevo, es admirarlo.
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Voz al fondo: Y a ser posible, en silencio.
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Unamuno, al escuchar las campanadas del reloj: una menos.
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La volatería, cuando engorda, se convierte en tratado.
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Si todo está ya dicho, ¿por qué necesitamos agregar nada más? Porque aún no lo habíamos dicho nosotros.
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El pensamiento es una red. Pero hay redes de muchos tipos y clases, según sea la clase de pesca que queramos pescar. Y, en todo caso, la red, cualquier red, es incapaz de recoger el agua, que se escapa viva.
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Si Dios no existe, todo está permitido. Si Dios existe, ya se ve que también.
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En el mundo de la moral, como en el de la medicina, todo es cuestión de posología. Se peca por más o por menos.
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La decadencia del dictado. Era natural que los pedagogos modernos desterraran el dictado de las aulas. Era inevitable que estos linces confundieran el dictado con la dictadura.
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Un buen libro no es sino el hilo que se saca del ovillo de un buen título.
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La volatería, como cosa volátil, a veces planea, a veces cruza rauda, o hace acrobacias y riza incluso el rizo, o pierde altura y cae despachurrada sobre el campo baldío.
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Caza de volatería. Y también, ay, volatería de la caza.
No se ha producido el cambio, pero sí se han producido muchos cambios. El primero, paradójicamente, es un "no cambio": 16 diputados de diferencia, exactamente los mismos de la pasada legislatura. El PSOE no consigue librarse del aliento en la nuca del PP. Este no gana, pero el otro no despega. Es más, si no fuera por el resultado de Cataluña, a estas horas Zapatero sería el perdedor. Otros cambios también son paradójicos. El presidente más izquierdista y rojo de nuestra reciente historia ha conseguido ¡pulverizar la extrema izquierda! Les ha dado, a ERC e IU, el abrazo del oso. Los ha fagocitado. El presidente menos españolista (la nación, concepto discutido y discutible) ha ganado tanto en Cataluña como, y esto es lo nuevo, en las tres provincias vascongadas, relegando por primera vez al PNV al segundo lugar. El presidente más "federalista" ha conseguido el parlamento con menor proporción de separatistas y con mayor predominio de los partidos nacionales. Ahora bien, estas paradojas, ¿adónde nos conducirán? Radios y periódicos hablan hoy del futuro de Rajoy. Debate, de momento prematuro y sin mucho interés. Lo que de verdad interesa es qué clase de discurso de investidura va a hacer el candidato socialista. ¿Habrá entendido el mensaje? Veremos.
Demasiado complejo, demasiado grave como para tratarlo a humo de pajas este problema de la llamada "violencia de género". Habría que reflexionar. Pero con tiempo, un tiempo del que ahora no dispongo. Mientras tanto, una noticia que llama mucho la atención, y que podría ser uno de los elementos que ayuden a reflexionar sobre la eficacia de determinadas medidas o determinadas leyes:
"Más del 80% de las llamadas al 016 (teléfono de atención a maltratadas) fueron por error o para bromear". La encuentro hoy en Diario de Sevilla y puede leerse entera aquí.
Escribe Lope en uno de los sonetos de sus Rimas sacras:
Entro en mí mismo para verme, y dentro hallo, ¡ay de mí!, con la razón postrada una loca república alterada, tanto que apenas los umbrales entro.
Cuántas mañanas hemos entreabierto la puerta, o descorrido un poco los visillos, y hemos visto precisamente eso que señala Lope, "una loca república alterada", y hemos cerrado la puerta rápidamente, sin atrevernos a entrar, y hemos preferido abrir la otra, la que da a esa otra alterada república, la de fuera. Más entretenida, desde luego.
En los tiempos más duros del paro (lo siento, y no quiero señalar, pero eran los tiempos gloriosos de Felipe González), a un jubilado de mi pueblo, algo orate pero inofensivo y bonachón (el jubilado, no el pueblo), se le ocurrió una brillante fórmula para acabar con el desempleo, y llegó, creo, a escribirle una carta al Presidente del Gobierno aconsejándosela, cual arbitrista quijotesco. La cosa era muy sencilla: que se obligase a las empresas a que en cada camión que circulase, además del conductor, fuese otro conductor suplente o ayudante. Así, en el sector del transporte de mercancías al menos, se duplicarían como por arte de magia los puestos de trabajo. La cosa era de risa, claro, y perteneciente al género de la economía recreativa, no de la economía real. Pero, al cabo de tanto tiempo, me entero vía Carlos Rodríguez Braun, que Keynes había escrito en la Teoría General de 1936 que bastarían las inversiones más absurdas, como enterrar botellas viejas con billetes dentro, para acabar con el paro. O sea, que el jubilado sevillano estaba a la altura de Keynes. O, peor, al revés.
El escritor Eduardo Jordá acaba de publicar un nuevo libro de poemas, titulado "Instante", y con ese motivo el periodista Alfredo Valenzuela le ha arrancado las siguientes declaraciones que por su interés reproducimos:
Jordá ha insistido en que "toda la poesía hermética o incomprensible es un fraude, igual que ese vocabulario pseudo-científico que usan los adivinos y los parapsicólogos para engañar a los incautos y sacarles unas perras; la verdadera poesía debe ser fácil de comprender." "Cuando no entendemos un verso o no conseguimos saber de qué nos está hablando un poeta, y nos preguntamos si nos está describiendo una PSP o una angina de pecho, eso es señal de nos están tomando el pelo; hay mucha charlatanería disfrazada de poesía, aunque en realidad no es más que un engañabobos", ha añadido. Al poeta le gusta que la poesía "cuente cosas, describa lugares y situaciones y sirva para reflejar la complejidad de la vida" y le desagrada "la poesía que reivindica o que sermonea, o la que da instrucciones, o la que grita con un megáfono, o la que se lamenta, o la que parece el producto de una sesión de terapia psíquica en un sanatorio mental". Jordá ha concluido asegurando que prefiere "la poesía que le habla al lector en voz baja, como en una conversación agradable en un bar, mientras suena de fondo una canción de Paul Simon, por ejemplo, o mejor aún, de la 'Incredible String Band'."
O sea, que seguimos como en el XVII, con la batalla entre claros (Lope, Quevedo...) frente a oscuros (Góngora y sus imitadores). Para que luego digan que el tiempo vuela, que la historia cambia... Las declaraciones completas pueden leerse aquí.