Esas llaves sueltas que todos guardamos en alguna cajita, sin saber qué cerraduras abren, o cierran... ¿para qué las guardamos? ¿Qué secretas esperanzas albergamos de que, no sé, algún día esa llave encuentre su cerradura....?
(Nota bene: Queda prohibida toda vulgar interpretación freudiana de la presente entrada.)
LA FRASE
"Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad."
Sir Arthur Conan Doyle
Sir Arthur Conan Doyle
miércoles, 19 de junio de 2013
viernes, 7 de junio de 2013
LA ERÓTICA DEL SILENCIO
¿Noticias? Muchas. El ruido, o más bien el rugido, de la actualidad. ¿Comentarios? Para todos los gustos. Unos que sí, otros que no, y otros que ni sí ni no sino todo lo contrario.
¿Y tú? ¿Qué vas a decir tú? Porque se supone que tienes algo que decir sobre... casi todo. Que para eso eres, o finges ser, escritor.
Y sí, es verdad, algo tendría que decir, y aun mucho, sobre... casi todo. Pero, no. ¿Para qué? Porque lo cierto es que últimamente estoy descubriendo el valor de eso yo llamaría la erótica del silencio, como se habló alguna vez de la erótica del poder. Vamos, la atracción de la Trapa. O algo así.
¿Y tú? ¿Qué vas a decir tú? Porque se supone que tienes algo que decir sobre... casi todo. Que para eso eres, o finges ser, escritor.
Y sí, es verdad, algo tendría que decir, y aun mucho, sobre... casi todo. Pero, no. ¿Para qué? Porque lo cierto es que últimamente estoy descubriendo el valor de eso yo llamaría la erótica del silencio, como se habló alguna vez de la erótica del poder. Vamos, la atracción de la Trapa. O algo así.
domingo, 26 de mayo de 2013
EL BUEN AMOR, DE OLGA BERNAD
Hay temas tan viejos, tan viejos, que parecen eternamente nuevos. El eje sobre el que gira El buen amor, segunda y por ahora última novela de Olga Bernad, es uno de los más repetidos en la historia de la literatura, de Cervantes a Moratín, de Clarín a Miguel Delibes (La hoja roja), sin contar los manojos de refranes que se podrían traer a colacion. Es el tema del viejo y la niña.
Un tema, claro, que cada cual ha modulado de diversa manera, unas veces por lo trágico y otras por lo cómico, sin que falten posiciones más templadas y comprensivas, como es la de Cervantes en su novela El celoso extremeño o en el propio Don Quijote.
Entrar en campos tan trillados tiene sus riesgos, pero Olga Bernad ha sabido salir airosa de ellos, consiguiendo un relato pleno de vida, pues, como en la misma vida, no es necesario que pase algo para que pasen muchas cosas.
Contado en primera persona, en una sabrosa recreación del lenguaje de un viejo aragonés castizo, pero sin caer en la jerga dialectilizante, asistimos a todo a través de los ojos del protagonista. De él, y sólo de él, conocemos sus pensamientos y reflexiones, en su interactuación con los demás. Especialmente con su particular Dulcinea, la Ojos, como él la llama.
No vamos a descubrir la trama de la novela, ni mucho menos su final melancólico y sabio. Baste decir que Olga Bernad ha sabido sacarle nuevos matices y rejuvenecer el traje de viejas telas, que todos heredamos, y que podría sintetizarse en aquel refrán que decía que "el amor es fruta para el mancebo, y para el anciano, veneno". Pero ya sabemos el atractivo de que gozan todos los venenos. Aunque el amor, al fin, sea siempre su propia culpa y su propia disculpa.
Un tema, claro, que cada cual ha modulado de diversa manera, unas veces por lo trágico y otras por lo cómico, sin que falten posiciones más templadas y comprensivas, como es la de Cervantes en su novela El celoso extremeño o en el propio Don Quijote.
Entrar en campos tan trillados tiene sus riesgos, pero Olga Bernad ha sabido salir airosa de ellos, consiguiendo un relato pleno de vida, pues, como en la misma vida, no es necesario que pase algo para que pasen muchas cosas.
Contado en primera persona, en una sabrosa recreación del lenguaje de un viejo aragonés castizo, pero sin caer en la jerga dialectilizante, asistimos a todo a través de los ojos del protagonista. De él, y sólo de él, conocemos sus pensamientos y reflexiones, en su interactuación con los demás. Especialmente con su particular Dulcinea, la Ojos, como él la llama.
No vamos a descubrir la trama de la novela, ni mucho menos su final melancólico y sabio. Baste decir que Olga Bernad ha sabido sacarle nuevos matices y rejuvenecer el traje de viejas telas, que todos heredamos, y que podría sintetizarse en aquel refrán que decía que "el amor es fruta para el mancebo, y para el anciano, veneno". Pero ya sabemos el atractivo de que gozan todos los venenos. Aunque el amor, al fin, sea siempre su propia culpa y su propia disculpa.
miércoles, 22 de mayo de 2013
LA NOVELA DE K
El titulo del nuevo libro de José Manuel Benítez Ariza puede llevar a confusión, no sólo a cualquier lector, sino hasta a algún perspicaz y avezado crítico literario. Porque La novela de K nada tiene de novela, es más bien un diario. O tampoco eso, exactamente, porque aquí faltan las fechas, algo fundamental en un verdadero diario.
Pero, pensándolo bien, tal vez lo equívoco del título no sea algo azaroso, sino plenamente intencionado. No sé qué extraña manía les ha entrado a los escritores de diarios de llamar novelas a los que ellos escriben. Benítez Ariza no se atreve a tanto como Andrés Trapiello, que no duda en calificar los suyos como "una novela en marcha", pero muy cerca le anda cuando dice en el prólogo titulado "Al cierre", entre otras cosas, que su libro tiene mucho parecido con esas novelas "que parecen hechas de casi nada", pero se contiene a tiempo y no dice que sea novela, sino que pudo haber sido. Y reconoce con humildad, y yo creo que también con realismo, que así como está, sin "el acabado convencional de una narración novelesca", está mejor: "me parece mejor, in potentia, que la que efectivamente uno podría haber escrito, si se hubiera puesto a ello."
En otros tiempos, los escritores habrían dado a este tipo de libros otros títulos, otros marbetes, como W. Somerset Maugham llamó al suyo, simplemente, A writer's notebook, o Camus a su serie de cuadernos los llamó eso, Carnets.
Pero, en fin, llámeseles como quiera, que por esto no vamos a discutir y haga cada cual de su capa un sayo, que por mí estará bien siempre que acierte en lo fundamental, que es la capacidad de atraparnos en su lectura, porque esta sea tan grata como provechosa. Y puedo asegurarles que esta La novela (que no es novela) de K no me ha decepcionado, sino todo lo contrario.
Pero, pensándolo bien, tal vez lo equívoco del título no sea algo azaroso, sino plenamente intencionado. No sé qué extraña manía les ha entrado a los escritores de diarios de llamar novelas a los que ellos escriben. Benítez Ariza no se atreve a tanto como Andrés Trapiello, que no duda en calificar los suyos como "una novela en marcha", pero muy cerca le anda cuando dice en el prólogo titulado "Al cierre", entre otras cosas, que su libro tiene mucho parecido con esas novelas "que parecen hechas de casi nada", pero se contiene a tiempo y no dice que sea novela, sino que pudo haber sido. Y reconoce con humildad, y yo creo que también con realismo, que así como está, sin "el acabado convencional de una narración novelesca", está mejor: "me parece mejor, in potentia, que la que efectivamente uno podría haber escrito, si se hubiera puesto a ello."
En otros tiempos, los escritores habrían dado a este tipo de libros otros títulos, otros marbetes, como W. Somerset Maugham llamó al suyo, simplemente, A writer's notebook, o Camus a su serie de cuadernos los llamó eso, Carnets.
Pero, en fin, llámeseles como quiera, que por esto no vamos a discutir y haga cada cual de su capa un sayo, que por mí estará bien siempre que acierte en lo fundamental, que es la capacidad de atraparnos en su lectura, porque esta sea tan grata como provechosa. Y puedo asegurarles que esta La novela (que no es novela) de K no me ha decepcionado, sino todo lo contrario.
viernes, 10 de mayo de 2013
HOMENAJE A AQUILINO DUQUE
[Foto: Ramón Simón]
La celebración ha tenido lugar lejos del multitudinario bullicio de la Feria, en lugares recoletos como la casa de los Pinelo, sede de la Academia sevillana de Buenas Letras, o un saloncito lateral del Casino de la Exposición. Y tampoco ha faltado un paseo literario por la Sevilla de Aquilino Duque, guiado por él mismo.
Durante tres días, José Alberich, Jacobo Cortines, José Julio Cabanillas, Francisco Bejarano, Enrique García Máiquez, Juan Lamillar, José Mateos, Carmelo Guillén y Luis Alberto de Cuenca han glosado la obra triple, narrativa, periodística y lírica, del escritor sevillano.
[Foto: Ramón Simón]
Y, mientras, el bullicio seguía en la Feria del Libro de la Plaza Nueva, allí donde el homenajeado, naturalmente, era otro. Líneas paralelas. Esas que dicen que se acaban cruzando en el infinito. Yo creo que ni allí.
viernes, 26 de abril de 2013
DÍA DEL LIBRO (RESACA Y OCTAVA)
Que haya un libro más... ¿qué importa al mundo?, exclamaba Espronceda...
¿Cómo..., que no era libro? ¿Que era cadáver? ¿Y qué más da? ¿Acaso la gran, la inmensa mayoría de los libros no serán un día, tal vez no muy lejano, cadáveres, quizás poco exquisitos cadáveres?
¿Cómo..., que no era libro? ¿Que era cadáver? ¿Y qué más da? ¿Acaso la gran, la inmensa mayoría de los libros no serán un día, tal vez no muy lejano, cadáveres, quizás poco exquisitos cadáveres?
martes, 23 de abril de 2013
UNA ANTOLOGÍA NECESARIA
La limitada visibilidad del aforismo, condenado a circular por cauces de distribución minoritaria, ha impedido percibir con claridad la importancia que el género ha ido adquiriendo en España a lo largo de los últimos treinta años. Poco a poco, pero sin pausa, el número de libros de aforismos, publicados por lo general en pequeñas editoriales -y en tiradas aún más pequeñas-, ha venido creciendo desde principios de los años ochenta, hasta conformar en la actualidad un extenso corpus alejado del gran público y escasamente estudiado. De ahí que un libro como éste, en el que se ofrece un detallado panorama del aforismo español de entresiglos y una amplia selección de textos de autores de diferentes promociones, pueda entenderse como el resultado de una tarea que se planteaba ya como urgente. El autor describe con detalle el alcance del fenómeno en el campo literario español, reflexiona sobre el aforismo como género de discurso y ofrece una amplia muestra de las variantes que el género ha adoptado en España desde 1980. El resultado es un amplio mosaico de textos que, sin duda, sorprenderán al lector por su riqueza y profundidad.
Más info, AQUÍ.
jueves, 18 de abril de 2013
FANTASÍAS LEXICOLÓGICAS
Decididamente, la izquierda es una gran inventora de neologismos. Tanto, que se diría que la izquierda no sabría exisitir sin esta orgía perpetua de neologismos neoinventados. 'Intelectualidad' ya se quedó un poco antiguo, y un tanto rancio ya aquello de la socialización de lo medios de producción... Incluso hay algunos que han terminado por ser asumidos por la derecha, como igualdad o gratuidad. Pero ahí vienen otros nuevos a sustituirlos. Visibilidad, por ejemplo. (Se entiende que de las mujeres, porque todos los demás deberemos permanecer lo más invisibles y clandestinos posible, por la cuenta que nos trae). O sostenibilidad, que ahora todo ha de ser sostenible, vaya por Dios. (Si algo no es sostenible, me pregunto yo, si en verdad no se sostiene, ¿no se caerá por sí sólo?).
En cambio, la derecha carece de estas fantasías lexicológicas. Salvo algunos neologismos pertenecientes a la jerga de la economía, en lo demás se atiene a palabras tan consuetudinarias y normalitas como "principios", "moral", "derecho natural", "sentido común", y hasta a esa palabra o expresión que se ha vuelto tan incómoda: "vida humana".
En cambio, la derecha carece de estas fantasías lexicológicas. Salvo algunos neologismos pertenecientes a la jerga de la economía, en lo demás se atiene a palabras tan consuetudinarias y normalitas como "principios", "moral", "derecho natural", "sentido común", y hasta a esa palabra o expresión que se ha vuelto tan incómoda: "vida humana".
viernes, 12 de abril de 2013
lunes, 8 de abril de 2013
SILVA DE VARIA ELECCIÓN
No hay, para mí, peor cosa que el que se me abra por delante un campo de posibilidades, aunque sean limitadas, un cruce de caminos en el que haya que determinarse por uno o por otro... A eso llamo yo mi silva, o selva, oscura, por donde puedo perderme y a menudo me pierdo...
Tal vez por eso prefiero escribr de encargo que a mi libre albedrío... Pero eso, después de todo, quizás sea el aspecto más insignificante de esta selva oscura y agreste que comporta cualquier elección.
Terror y pavor.
Tal vez por eso prefiero escribr de encargo que a mi libre albedrío... Pero eso, después de todo, quizás sea el aspecto más insignificante de esta selva oscura y agreste que comporta cualquier elección.
Terror y pavor.
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